lunes, 28 de marzo de 2016

¿Por que los políticos delincuentes no están en la Cárcel?


¿Por que los políticos delincuentes no están en la Cárcel?

Pacto de impunidad



Los gobiernos neoliberales del PRI y del PAN, como Carlos Salinas de Gortari, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, gobiernos represores que representaron la corrupción en todos los niveles de gobierno y secretarias de Estado. Gobiernos antipopulares y antidemocráticos, producto de fraudes electorales 2 la mafia que mal gobernó a México por cerca de 200 años, era la mafia en el poder, 2 con una democracia disfrazada, todo los políticos eran lo mismo, más de 500 años de saque impunidad y corrupción, por el PRIAN, todos los bienes de la nación los privatizaron a familiares amigos, el compadrazgo el trafico de influencias una podredumbre total.
 
Lo que no permite meter a la cárcel a tantos gobernantes, políticos, jueces, empresarios, policías, paramilitares o militares corruptos, torturadores o asesinos es el uso monopólico de la ley y la violencia. Las leyes son diseñadas para favorecerlos. Las cárceles están llenas de miserables y delincuentes comunes y de pocos capos y mafiosos de cuello blanco.


 

Por eso el pueblo y los ciudadanos, buscan formas de organización que les permiten subsistir en medio de la violencia cotidiana y la sistemática violación de las leyes por autoridades que deberían hacerlas valer.




El asesinato a domicilio y a mansalva de la recién electa presidenta municipal perredista de Temixco, Mor., Gisela Mota, a horas de tomar posesión de su encargo, muestra el grado de descomposición que sufre Morelos y todo el país y las formas de aplicar su ley por parte de bandas criminales, prohijadas por el propio Estado mexicano. Este asesinato se suma al descuartizamiento, hace unos meses, del activista social Gustavo Salgado, a la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, 3 2 a las fosas comunes y muchos casos más de terror en el corredor de la autopista del Sol y zonas aledañas.



El mismo Banco de México ha exigido -para favorecer a los inversionistas- que el gobierno "debe llevar a cabo esfuerzos adicionales encaminados a fortalecer las instituciones y el Estado de Derecho, ya que, por ejemplo, la falta de seguridad pública tiene efectos negativos sobre la confianza, inhibe una asignación eficiente de recursos en la economía y dificulta el crecimiento de la actividad económica". 

Por ello el gobierno de Peña Nieto solicitó el incrementó en 6.47% al presupuesto para seguridad pública para 2016, alcanzando la estratosférica cantidad de 163 mil 346.76 millones de pesos (Cámara de Diputados, octubre de 2015) que se distribuirá piramidalmente a más cárceles, más policías federales y más elementos para la marina y el ejército. 



La pelea por el control del poder y las riquezas del país entre los criminales monopólicos oficiales de la ley y los no oficiales, tiene sumida a la población en el terror y por ello se han multiplicado la edificación de cárceles por toda la nación y fortalecidos los cuerpos de seguridad con partidas multimillonarias, con leyes que no son de seguridad son leyes de represión. Esta pelea, disfrazada de lucha contra el narco justifica el uso indiscriminado de la violencia, afecta a toda la población, dirigiéndose fundamentalmente a la juventud para fomentar a corto y mediano plazo, lo que la UNESCO llamó en uno sus informes, "la ciudadanía del miedo".
 Según el Mapa de la Violencia 2015 publicado por la Federación Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO, México ocupa el primer lugar por muertes violentas entre la juventud de 15 a 19 años con un promedio de 95.6 por cada 100 mil adolescentes, seguidos por El Salvador y Brasil, en un comparativo de 85 países donde Austria, Japón, Inglaterra y Bélgica ocupan los lugares con menos violencia contra la juventud arrojando el dato de 0.2 muertes por cada 100 mil. 



En el caso mexicano, es notorio el incremento de la violencia irracional a partir de la estúpida decisión del PAN y su presidente Felipe Calderón al declarar la "lucha sin cuartel contra el narco", cuando el problema central del país es la corrupción y la injusta distribución de la riqueza. 


Estudiosos e investigadores de todos los colores afirman -con distintos argumentos- que mientras no se disminuya la miseria, no se combata la corrupción y no se creen empleos justamente remunerados, la espiral de violencia y crímenes continuarán en el país, mientras los ricos y los gobernantes se hacen más ricos y los pobres más pobres y hacinando las cárceles que se pagan con nuestros propios impuestos. 
El dato  alarmante y revelador proporcionado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, es que las cárceles en el país tienen capacidad para encerrar a 203 mil 84 personas, pero hoy ya suman a más de 255 mil, lo que significa una sobrepoblación de 25.4%


Mientras todo esto ocurre, el pueblo trabajador mexicano ha iniciado el año 2016 con un anuncio sensacionalista, electorero y demagógico por parte del gobierno ¡Bajan los precios de las gasolinas y la luz!, pero al mismo tiempo anuncia que "se mantendrán los precios de acuerdo a las condiciones del mercado" y "se revisarán cada mes", "en una banda variable de más/menos 3%" (SHCP) ¿Usted le cree al gobierno?... Yo tampoco.
En el fondo, el anuncio tiene como objetivo el que la población acepte la entreguista reforma energética y la liberalización del mercado de las gasolinas y la energía eléctrica. Dentro de poco, las carreteras y las ciudades se llenarán de gasolineras y expendios de energía eléctrica extranjeras.






El resultado final de la política del terror es que nos conduce a "la ciudadanía del miedo", a los tiempos del "nuevo PRI" y de la fascistización light de la vida nacional. Son los tiempos del retorno de las políticas, de los viejos políticos guerreristas acostumbrados a mandar y a que se les obedezca, son los tiempos de impulsar una "nueva ciudadanía".


 

En su novela, "Disparos en la oscuridad" (p. 60, Editorial Punto de Lectura), Fabrizio Mejía nos regala un pasaje histórico memorable de un cacique poblano asesino, de nombre Maximino Ávila Camacho que buscaba adeptos en la Escuela de Derecho en la Universidad Autónoma de Puebla. El cacique llega y pregunta a un grupo de estudiantes: "Quién puede decirme qué es el poder? Los estudiantes se voltearon a ver entre sí. Hubo respuestas tímidas de Eusebio Ríos -el poder emana del pueblo-, Gerardo Mariscal -es hacer cosas por el bien de todos-, pero Gustavo Díaz Ordaz sacó del pecho, (...) y dijo con voz de locutor que emergía de su dientona cabeza -es enseñar a obedecer-. -Ahhh- respondió Maximino Ávila Camacho -Ahí hay un hombre de calidad ¿Cómo te llamas mijo?-"


Autor; Jesús Hoyos Hernández

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