Por; Jesús Hoyos Hernández//Nacional//Análisis//Política//Opinión//¿Sabiasque?//Relatos//Leyendas//
Cuando a una persona la asesina y
el muerto cae boca abajo
En el México profundo existen infinidad de creencias, supersticiones
y otras cargadas de sabiduría la mayoría son un legado de nuestras culturas prehispánicas,
algunas otras son una fusión mezclan creencias prehispánicas y cristianas. Entre
el elemento principal es la cruz, juega un papel importante. La cruz fue un
instrumento de tortura que trajeron los españoles para evangelizar nuestros antiguos mexicanos, no obstante este
elemento se encuentra asociado en infinidad de creencias en muchos pueblos indígenas
de nuestro México.
Por ejemplo; una de
las formas para expresar luto en México es la cruz de cal; colocada y levantada
en un ritual que mezcla creencias prehispánicas y cristianas, otra es pintar
cruces de cal en las casas para la abundancia las buenas cosechas y ahuyentar
los malos espíritus.
Pero quizás la más curiosa y lo más interesante es que
existe una creencia que dicen que cuando alguna persona es asesinada y cae al
suelo embrocada (boca abajo), el asesino no puede huir, y esto facilita para
que sea capturado. Y de verdad se cuentan muchos casos verídicos, ó el asesino
intenta huir pero se regresa, después de varios intentos no logra huir, algunos
otros voluntariamente se entregan a las autoridades; esto por que según los que
han presenciado este tipo de tragedias, el alma del difunto no deja huir al
asesino, ó la misma alma clama venganza. Pero si el muerto cae boca arriba es
todo lo contrario, el asesino si puede huir y puede pasar varios años su
captura o puede que nuca lo hagan.
CUANDO A UNA PERSONA LA MATAN , EN EL MISMO LUGAR
DONDE CAYÓ EL CUERPO, SE MARCA UNA CRUZ, PARA QUE EL ALMA NO DEJE EN PAZ AL ASESINO.
El
cuerpo se coloca de inmediato boca abajo. No por respeto, no por costumbre…sino
porque en la creencia popular, así los asesinos no pueden escapar. Dicen que el
alma, al quedar mirando a la tierra, aprende el camino y no lo suelta. Luego,
cuando levantan el cuerpo, en el mismo lugar donde cayó, se marca una cruz con
sal y cal. Ahí no se grita, no se llora fuerte. Ahí se le habla al difunto. Se
le pide, con palabras simples, que no deje en paz a quienes le hicieron daño. Que
los persiga en sueños, en pensamientos, en la culpa.
Y
cuentan que si no pasa mucho tiempo…algo ocurre. Algunos se entregan solos.
A
otros los atrapan. Y hay quienes simplemente mueren, como si algo invisible los
hubiera alcanzado.
Pero
hay otra práctica que pocos mencionan en voz alta. Durante el velorio, a cierta
hora, se prepara una tortillita gruesa, solo de sal y cal. Nada más. Esa masa
se coloca bajo el brazo, en la axila del difunto. Y otra vez… se le habla. No
como a un muerto, sino como a alguien que todavía escucha. Se le pide que no
deje dormir a sus asesinos. Que no los deje tranquilos. Que no los suelte.
Dicen
que sí se cumple. Pero todos repiten lo mismo, en voz baja: esto no funciona
por curiosidad, ni por rabia. Solo funciona cuando se hace con mucha fe.
Cuando a una persona la asesina y
el muerto cae boca abajo
En el México profundo existen infinidad de creencias, supersticiones
y otras cargadas de sabiduría la mayoría son un legado de nuestras culturas prehispánicas,
algunas otras son una fusión mezclan creencias prehispánicas y cristianas. Entre
el elemento principal es la cruz, juega un papel importante. La cruz fue un
instrumento de tortura que trajeron los españoles para evangelizar nuestros antiguos mexicanos, no obstante este
elemento se encuentra asociado en infinidad de creencias en muchos pueblos indígenas
de nuestro México.
Por ejemplo; una de
las formas para expresar luto en México es la cruz de cal; colocada y levantada
en un ritual que mezcla creencias prehispánicas y cristianas, otra es pintar
cruces de cal en las casas para la abundancia las buenas cosechas y ahuyentar
los malos espíritus.
Pero quizás la más curiosa y lo más interesante es que existe una creencia que dicen que cuando alguna persona es asesinada y cae al suelo embrocada (boca abajo), el asesino no puede huir, y esto facilita para que sea capturado. Y de verdad se cuentan muchos casos verídicos, ó el asesino intenta huir pero se regresa, después de varios intentos no logra huir, algunos otros voluntariamente se entregan a las autoridades; esto por que según los que han presenciado este tipo de tragedias, el alma del difunto no deja huir al asesino, ó la misma alma clama venganza. Pero si el muerto cae boca arriba es todo lo contrario, el asesino si puede huir y puede pasar varios años su captura o puede que nuca lo hagan.
CUANDO A UNA PERSONA
El
cuerpo se coloca de inmediato boca abajo. No por respeto, no por costumbre…sino
porque en la creencia popular, así los asesinos no pueden escapar. Dicen que el
alma, al quedar mirando a la tierra, aprende el camino y no lo suelta. Luego,
cuando levantan el cuerpo, en el mismo lugar donde cayó, se marca una cruz con
sal y cal. Ahí no se grita, no se llora fuerte. Ahí se le habla al difunto. Se
le pide, con palabras simples, que no deje en paz a quienes le hicieron daño. Que
los persiga en sueños, en pensamientos, en la culpa.
Y
cuentan que si no pasa mucho tiempo…algo ocurre. Algunos se entregan solos.
A
otros los atrapan. Y hay quienes simplemente mueren, como si algo invisible los
hubiera alcanzado.
Pero
hay otra práctica que pocos mencionan en voz alta. Durante el velorio, a cierta
hora, se prepara una tortillita gruesa, solo de sal y cal. Nada más. Esa masa
se coloca bajo el brazo, en la axila del difunto. Y otra vez… se le habla. No
como a un muerto, sino como a alguien que todavía escucha. Se le pide que no
deje dormir a sus asesinos. Que no los deje tranquilos. Que no los suelte.
Dicen
que sí se cumple. Pero todos repiten lo mismo, en voz baja: esto no funciona
por curiosidad, ni por rabia. Solo funciona cuando se hace con mucha fe.



















