Por; Jesús Hoyos Hernández//Nacional//Análisis//Política//Opinión//El poder en México//
Presidentes de México al servicio de la CIA
Durante
décadas, en México se habló de la
CIA como si fuera un fantasma lejano: algo de películas, de
espías con gabardina, de operaciones secretas en países ajenos. Pero los
documentos desclasificados cuentan otra historia.
Una
historia mucho más incómoda. De acuerdo con investigaciones del National
Security Archive de la
Universidad George Washington y archivos liberados por
Estados Unidos, varios expresidentes mexicanos aparecen vinculados a redes de
inteligencia de la CIA
durante la guerra Sucia. Aquí
hay que ser precisos para no caer en exageraciones: No hablamos necesariamente
de “empleados” en el sentido tradicional de recibir un sueldo público, tener
oficina o firmar contrato laboral con la CIA. Lo que los documentos señalan es otra cosa:
vínculos como informantes, activos, contactos de alto nivel o colaboradores
dentro de operaciones de inteligencia estadounidenses en México. Y eso,
políticamente, es gravísimo.
Los archivos
desclasificados abren una puerta incómoda.LOS
NOMBRES QUE APARECEN
Entre
los nombres más mencionados en los archivos e investigaciones están los ex
presidentes: Adolfo López Mateos. Gustavo Díaz Ordaz. Luís Echeverría Álvarez. José
López Portillo. En el caso de Gustavo Díaz Ordaz y Luís Echeverría, el asunto
aparece ligado a la red conocida como LITEMPO, una operación de inteligencia de
la CIA en México
durante la Guerra Sucia.
Según el National Security Archive, esa red reclutó informantes en los niveles
más altos del gobierno mexicano. Díaz Ordaz aparece identificado como
LITEMPO-2.
Luis
Echeverría aparece identificado como LITEMPO-8. Es decir: no estamos hablando
de rumores de cantina ni de teorías sacadas de una servilleta. Estamos hablando
de documentos históricos, archivos desclasificados y trabajos de investigación
sobre la relación secreta entre Washington y funcionarios mexicanos.
EL
CASO LÓPEZ MATEOS
El
caso de Adolfo López Mateos también es especialmente delicado. Documentos
recientes relacionados con los archivos del asesinato de John F. Kennedy han
dado más claridad sobre la colaboración entre agencias estadounidenses y el
gobierno mexicano durante los años sesenta. Según el National Security Archive,
la operación LIENVOY, enfocada en vigilancia y espionaje telefónico, no habría
sido simplemente una imposición unilateral de Estados Unidos. La documentación
apunta a una colaboración más profunda con autoridades mexicanas de la época. Y
aquí aparece la gran contradicción histórica: Mientras México presumía
soberanía, neutralidad y una política exterior independiente, en los sótanos
del poder existían canales secretos de cooperación con la CIA. La patria se defendía
en los discursos. Pero en los expedientes, la historia se ve más turbia.
LÓPEZ
PORTILLO: EL CUARTO NOMBRE INCÓMODO
El
caso de José López Portillo se volvió relevante por un documento desclasificado
fechado en noviembre de 1976, apenas días antes de que asumiera la Presidencia de México.
Reportes periodísticos basados en ese archivo señalaron que López Portillo
habría sido identificado como contacto o informante de la CIA antes de llegar al poder. De
nuevo: esto debe leerse con precisión histórica. No se trata de decir
alegremente que “todos eran agentes vendidos” sin revisar documentos. Se trata
de reconocer que existen archivos oficiales que muestran una relación mucho más
cercana entre la CIA
y las élites políticas mexicanas de lo que durante años se quiso admitir
públicamente.
LA
PREGUNTA DE
FONDO
La
pregunta no es solo si uno, tres o cuatro ex presidentes tuvieron vínculos con la CIA. La pregunta verdadera
es más profunda:
¿Cuántas
decisiones nacionales se tomaron bajo influencia extranjera?
¿Cuántas
persecuciones políticas, operaciones contra grupos de izquierda, movimientos
estudiantiles o decisiones de seguridad interna estuvieron contaminadas por
intereses de Washington?
Y
sobre todo:
¿Cuánta
soberanía real tenía México mientras sus altos funcionarios mantenían canales
secretos con la agencia de inteligencia más poderosa del mundo?
Porque
una cosa es cooperar diplomáticamente con otro país.
Y
otra muy distinta es abrir las puertas del poder nacional a una agencia
extranjera.
MÉXICO
DEBE MIRAR SU HISTORIA SIN MAQUILLAJE
Este
tema incomoda porque rompe el cuento oficial. Nos enseñaron una historia donde
México siempre fue soberano, independiente y digno frente a Estados Unidos. Pero
los archivos muestran una realidad más compleja: un país que públicamente
hablaba de soberanía, mientras en privado algunos de sus hombres más poderosos
compartían información, abrían canales o colaboraban con la inteligencia
estadounidense. Eso no borra toda la historia de México. Pero sí obliga a
revisarla con menos ingenuidad. Hoy muchos políticos usan la palabra
“soberanía” como escudo, como bandera o como frase de mitin. Pero la soberanía
no se presume. Se demuestra. Y si los archivos desclasificados muestran que
presidentes mexicanos tuvieron vínculos con la CIA , entonces México tiene derecho a saber la
verdad completa. No por revancha. Sino porque un país que no revisa sus pactos
secretos queda condenado a repetirlos. La historia no siempre grita. A veces
espera décadas, guardada en un archivo, hasta que alguien se atreve a abrir la
caja. Y cuando se abre, el polvo no solo cae sobre los papeles. También cae
sobre los héroes de bronce.
Documentos
desclasificados de la CIA
y las investigaciones del periodista Jefferson Morley en el National Security
Archive revelan que cuatro presidentes mexicanos colaboraron de forma secreta
con la Agencia Central
de Inteligencia (CIA) durante la
Guerra Fría bajo la red de espionaje y control denominada
Operación LITEMPO. Los mandatarios identificados como informantes o enlaces de
alto nivel son: Adolfo López Mateos (1958-1964): Identificado con el
criptónimos LITEMPO-1. Autorizó la creación de redes de intervención telefónica
y vigilancia conjunta contra embajadas de países socialistas y de Cuba en la Ciudad de México. Gustavo
Díaz Ordaz (1964-1970): Registrado como LITEMPO-2. Mantuvo una estrecha
relación con el jefe de la estación de la CIA , Winston Scott, y colaboró en el intercambio
de información sobre movimientos sociales y opositores, previo y durante los
sucesos de 1968. Luís Echeverría Álvarez (1970-1976): Identificado como
LITEMPO-8 (y señalado en archivos como pieza clave desde su etapa como secretario
de Gobernación), mantuvo canales directos de comunicación e inteligencia con
Washington durante la represión interna. José López Portillo (1976-1982):
Archivos desclasificados de la CIA
señalan que tuvo un "control de enlace" e intercambio con la agencia
estadounidense desde años antes de asumir la presidencia de la República.
Documentos
desclasificados de la CIA
y las investigaciones del periodista Jefferson Morley en el National Security
Archive revelan que cuatro presidentes mexicanos colaboraron de forma secreta
con la Agencia Central
de Inteligencia (CIA) durante la
Guerra Fría bajo la red de espionaje y control denominada
Operación LITEMPO. Los mandatarios identificados como informantes o enlaces de
alto nivel son: Adolfo López Mateos (1958-1964): Identificado con el
criptónimos LITEMPO-1. Autorizó la creación de redes de intervención telefónica
y vigilancia conjunta contra embajadas de países socialistas y de Cuba en la Ciudad de México. Gustavo
Díaz Ordaz (1964-1970): Registrado como LITEMPO-2. Mantuvo una estrecha
relación con el jefe de la estación de la CIA , Winston Scott, y colaboró en el intercambio
de información sobre movimientos sociales y opositores, previo y durante los
sucesos de 1968. Luís Echeverría Álvarez (1970-1976): Identificado como
LITEMPO-8 (y señalado en archivos como pieza clave desde su etapa como
secretario de Gobernación), mantuvo canales directos de comunicación e
inteligencia con Washington durante la represión interna. José López Portillo (1976-1982):
Archivos desclasificados de la CIA
señalan que tuvo un "control de enlace" e intercambio con la agencia
estadounidense desde años antes de asumir la presidencia de la República.
Fuentes base para respaldar la publicación: el National
Security Archive documenta la red LITEMPO y señala que sus informantes
incluyeron a Gustavo Díaz Ordaz y al futuro presidente Luis Echeverría. También
publicó en 2025 nuevos materiales sobre la colaboración CIA-México en archivos
JFK, incluyendo el contexto de López Mateos y LIENVOY. Sobre José López
Portillo, El País reportó el documento desclasificado fechado el 29 de
noviembre de 1976, y Jacobin analizó el archivo como evidencia de sus vínculos
con la CIA.
Durante
décadas, en México se habló de
Una
historia mucho más incómoda. De acuerdo con investigaciones del National
Security Archive de
LOS
NOMBRES QUE APARECEN
Entre
los nombres más mencionados en los archivos e investigaciones están los ex
presidentes: Adolfo López Mateos. Gustavo Díaz Ordaz. Luís Echeverría Álvarez. José
López Portillo. En el caso de Gustavo Díaz Ordaz y Luís Echeverría, el asunto
aparece ligado a la red conocida como LITEMPO, una operación de inteligencia de
Luis
Echeverría aparece identificado como LITEMPO-8. Es decir: no estamos hablando
de rumores de cantina ni de teorías sacadas de una servilleta. Estamos hablando
de documentos históricos, archivos desclasificados y trabajos de investigación
sobre la relación secreta entre Washington y funcionarios mexicanos.
EL
CASO LÓPEZ MATEOS
El
caso de Adolfo López Mateos también es especialmente delicado. Documentos
recientes relacionados con los archivos del asesinato de John F. Kennedy han
dado más claridad sobre la colaboración entre agencias estadounidenses y el
gobierno mexicano durante los años sesenta. Según el National Security Archive,
la operación LIENVOY, enfocada en vigilancia y espionaje telefónico, no habría
sido simplemente una imposición unilateral de Estados Unidos. La documentación
apunta a una colaboración más profunda con autoridades mexicanas de la época. Y
aquí aparece la gran contradicción histórica: Mientras México presumía
soberanía, neutralidad y una política exterior independiente, en los sótanos
del poder existían canales secretos de cooperación con
LÓPEZ
PORTILLO: EL CUARTO NOMBRE INCÓMODO
El
caso de José López Portillo se volvió relevante por un documento desclasificado
fechado en noviembre de 1976, apenas días antes de que asumiera
La
pregunta no es solo si uno, tres o cuatro ex presidentes tuvieron vínculos con
¿Cuántas
decisiones nacionales se tomaron bajo influencia extranjera?
¿Cuántas
persecuciones políticas, operaciones contra grupos de izquierda, movimientos
estudiantiles o decisiones de seguridad interna estuvieron contaminadas por
intereses de Washington?
Y
sobre todo:
¿Cuánta
soberanía real tenía México mientras sus altos funcionarios mantenían canales
secretos con la agencia de inteligencia más poderosa del mundo?
Porque
una cosa es cooperar diplomáticamente con otro país.
Y
otra muy distinta es abrir las puertas del poder nacional a una agencia
extranjera.
MÉXICO
DEBE MIRAR SU HISTORIA SIN MAQUILLAJE
Este
tema incomoda porque rompe el cuento oficial. Nos enseñaron una historia donde
México siempre fue soberano, independiente y digno frente a Estados Unidos. Pero
los archivos muestran una realidad más compleja: un país que públicamente
hablaba de soberanía, mientras en privado algunos de sus hombres más poderosos
compartían información, abrían canales o colaboraban con la inteligencia
estadounidense. Eso no borra toda la historia de México. Pero sí obliga a
revisarla con menos ingenuidad. Hoy muchos políticos usan la palabra
“soberanía” como escudo, como bandera o como frase de mitin. Pero la soberanía
no se presume. Se demuestra. Y si los archivos desclasificados muestran que
presidentes mexicanos tuvieron vínculos con
Documentos
desclasificados de
Fuentes base para respaldar la publicación: el National
Security Archive documenta la red LITEMPO y señala que sus informantes
incluyeron a Gustavo Díaz Ordaz y al futuro presidente Luis Echeverría. También
publicó en 2025 nuevos materiales sobre la colaboración CIA-México en archivos
JFK, incluyendo el contexto de López Mateos y LIENVOY. Sobre José López
Portillo, El País reportó el documento desclasificado fechado el 29 de
noviembre de 1976, y Jacobin analizó el archivo como evidencia de sus vínculos
con













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