Por; Jesús Hoyos Hernández//Nacional//Análisis//Política//Opinión//Especial de Navidad//Mitos y Leyendas//
La construcción del mito de los
reyes magos.
Si
ustedes viven en un país con influencia hispana, es muy probable que crean en
los tres reyes magos y lo han hecho todos los años y lo aceptan sin rechistar,
incluso con alegría, generación tras generación.
Pero el relato de los Reyes Magos, tal como lo
conocemos hoy, es una construcción que ha evolucionado significativamente desde
sus menciones en el Evangelio de Mateo. En este texto, se habla de unos
"magos" que vienen de Oriente, pero no se especifica ni su número ni
sus nombres. La idea de que eran tres y que traían oro, incienso y mirra se
consolidó en el siglo III, y sus nombres actuales (Melchor, Gaspar y Baltasar)
aparecieron por primera vez en el siglo VI en un mosaico en Rávena.
El cambio de Baltasar de "tez
morena" a "el negro Baltasar" es un claro ejemplo de cómo el
cristianismo adaptó sus relatos para encajar con las esferas sociopolíticas de
la época. En el siglo XIV, cuando el cristianismo se expandía en África y
competía con el islam, se decidió representar a Baltasar como negro para
simbolizar la inclusión de todas las razas conocidas en ese momento.
La fecha del 6 de enero, conocida como la Epifanía, también tiene
raíces en tradiciones paganas. Antes de ser cristianizada, esta fecha estaba
asociada con la adoración al Sol Invicto en Roma. La Iglesia, en su esfuerzo
por afianzar su poder y atraer a los paganos, adoptó y adaptó estas
festividades, dándoles un nuevo significado cristiano.
Las supuestas reliquias de los Reyes Magos,
son falsas y fueron expuestas en la Catedral
de Colonia por Federico Barbarroja en 1162.
Estos
son otro ejemplo de cómo la
Iglesia utilizó objetos para consolidar su influencia y
atraer peregrinos. La autenticidad de estas reliquias es altamente fraudulenta.
Bart D. Ehrman, un estudioso del Nuevo
Testamento, ha argumentado extensamente sobre cómo los relatos bíblicos fueron
modificados y adaptados a lo largo de los siglos para servir a los intereses de
la Iglesia. En
su libro "Misquoting Jesus", Ehrman explora cómo los textos bíblicos
fueron alterados por escribas y teólogos para reflejar las doctrinas emergentes
del cristianismo primitivo.
John Dominic Crossan, cofundador del Seminario
de Jesús, también ha discutido cómo muchas de las historias del Nuevo
Testamento, incluidos los relatos de los Reyes Magos, son construcciones
teológicas más que hechos históricos. En su obra "The Birth of
Christianity", Crossan analiza cómo los primeros cristianos
reinterpretaron y reescribieron las historias del personaje Jesús para
alinearlas con sus creencias y objetivos misioneros.
La historia de los Reyes Magos es un claro
ejemplo de cómo las narrativas religiosas fueron manipuladas y adaptadas para
servir a los intereses de una institución. Desde la inclusión de elementos
paganos hasta la invención de reliquias, la Iglesia ha demostrado una notable habilidad para
absorber y transformar las tradiciones preexistentes en herramientas de
evangelización y control social. En última instancia, los Reyes Magos no son más
que una construcción teológica, una amalgama de mitos y símbolos que reflejan
más las necesidades y ambiciones de la Iglesia que cualquier realidad histórica.
Lo sorprendente de las fuentes cristianas después de tantos siglos de engaño,
es que se basaron en una profecía de Zoroastro que anunciaba a un mesías.
Zoroastro
(o Zaratustra) profetizó la llegada de un mesías, pero no se refería al
personaje neotestamentario.
Según
las escrituras zoroastrianas, especialmente el Avesta, Zoroastro anunció la
llegada de un salvador conocido como Saoshyant.
Este
término significa "el que trae beneficio" o "el salvador" y
se refiere a una figura mesiánica que aparecería en el futuro para renovar el
mundo y derrotar el mal.
El Saoshyant es una figura central en la
escatología zoroastriana, y se creía que nacería de una virgen de nombre
Gobakabu, descendiente de Zoroastro. Este salvador completará la obra de
Zoroastro, trayendo justicia y restaurando el orden divino.
La
profecía de Zoroastro sobre el Saoshyant es significativamente más antigua que
el cristianismo. Zoroastro vivió aproximadamente entre el 1700 y el 1000 a.E.C., según
estimaciones basadas en evidencia lingüística y socio-cultural. Esto sitúa sus
enseñanzas y profecías al menos mil años antes del guión neotestamentario.
Los Reyes Magos: El mayor misterio
del Nuevo Testamento
De
los personajes que rodean el nacimiento de Jesús, los Reyes Magos son, sin
duda, los más enigmáticos. A pesar de su enorme arraigo popular, el Nuevo
Testamento guarda un silencio casi absoluto sobre sus identidades.
Entre
el Evangelio y el mito
Según
Mateo, estos hombres llegaron ante el Rey Herodes guiados por una estrella. El
relato bíblico detalla que Herodes los interrogó sobre el tiempo exacto de la
aparición del astro y les ordenó localizar al Niño para informarle su
ubicación. Tras encontrar a Jesús y ofrecerle oro, incienso y mirra, los Magos
fueron advertidos en sueños sobre las intenciones asesinas de Herodes y
regresaron a su tierra "por otro camino".
Sin
embargo, aquí terminan las certezas y comienza el misterio:
¿Eran
Reyes? Los Evangelios nunca mencionan tal título.
¿Eran
tres? Tampoco se especifica su número; la tradición asumió que eran tres por la
cantidad de regalos ofrecidos.
¿Quiénes
eran? No sabemos si eran hombres o mujeres, ni conocemos sus nombres
originales.
La
construcción de una tradición
La
imagen que hoy conocemos —Melchor, Gaspar y Baltasar— es fruto de la tradición
posterior. Como señala Federico Fernández, la iconografía los ha retratado con
características simbólicas: Melchor como el anciano de barba blanca, Gaspar
como el joven rubio y Baltasar con la piel oscura.
Esta
representación buscaba que ninguna cultura se sintiese excluida, simbolizando a
los tres continentes conocidos en la antigüedad: Europa, Asia y África. Es un
retrato que ha quedado inmortalizado en siglos de arte sacro.
Un
vacío lleno de símbolos
Debemos
subrayar que la referencia evangélica tiene una finalidad profundamente
simbólica y narrativa. El texto bíblico no aclara si viajaban solos o con una
gran comitiva, ni menciona a los icónicos camellos o caballos.
Al
final, de aquellos viajeros que siguieron la estrella, no sabemos nada con
certeza, y es precisamente ese vacío el que ha permitido que la fe y el arte
llenen el relato con la magia que hoy celebramos.
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