Por; Jesús Hoyos Hernández//Nacional//Análisis//Política//Opinión//
EL NEO-FASCISMO MEXICANO Y EL RIESGO
DE UN CATOLICISMO DOMESTICADO
En los últimos años, México ha sido testigo de un
resurgimiento ideológico que, bajo la apariencia de defensa de valores,
reproduce los patrones del fascismo europeo del siglo XX. En el discurso del
Partido Acción Nacional (PAN) y de ciertos grupos católicos ultraconservadores,
se ha vuelto común escuchar consignas como “Patria, Familia y Libertad”. Sin
embargo, pocos recuerdan que este lema tiene raíces en la Italia de Benito Mussolini,
quien proclamaba “Dios, Patria y Familia” como fundamento del Estado fascista. El
problema no es la fe ni el amor a la patria o la familia. El problema es el uso
político de esos símbolos para imponer un modelo autoritario, clasista y
excluyente, revestido de religión. En México, el neofascismo adopta el rostro
del catolicismo moralista, que busca controlar la conciencia pública desde
púlpitos, escuelas y partidos, y que se alía con poderes económicos para
mantener estructuras de desigualdad y privilegio.
El discurso moral como máscara del
poder
El PAN nació con un discurso inspirado en la doctrina
social cristiana, pero en su evolución, especialmente desde finales del siglo
XX, muchos de sus cuadros fueron cooptados por sectores ultraconservadores
formados en el Yunque, el Opus Dei y movimientos clericales que confunden el
Reino de Dios con el orden burgués. Bajo la bandera de la “defensa de la
familia”, han impulsado políticas que niegan derechos humanos básicos, estigmatizan
la diversidad y justifican el neoliberalismo como si fuera voluntad divina. El
lema “Patria, Familia y Libertad” no es inocente. Reproduce la misma lógica del
fascismo: una patria entendida como exclusión del diferente, una familia
reducida a un molde patriarcal, y una libertad concebida como privilegio de los
poderosos. No hay Evangelio en eso. El Evangelio no se somete al Estado ni a
las élites; se encarna en los pueblos y denuncia los ídolos del poder.
El riesgo de un catolicismo sin
profecía
El catolicismo que se acomoda al sistema, que bendice
fortunas manchadas, que calla ante la injusticia y demoniza la lucha social,
deja de ser Buena Noticia. Se convierte en una religión funcional al poder,
como en los tiempos en que Mussolini pactó con el Vaticano para consolidar su
régimen. Hoy, en México, ese mismo espíritu se manifiesta en obispos que
marchan con partidos de ultraderecha, en predicadores que confunden fe con
ideología, y en movimientos “provida” que defienden el feto pero no al niño
pobre, ni a la mujer violentada, ni al migrante rechazado.
Un llamado desde la fe liberadora
Desde la
Teología de la
Liberación , es urgente recuperar la voz profética del
cristianismo: Dios no está con los imperios ni con sus nuevos disfraces. La
verdadera “patria” es la comunidad humana que busca justicia. La verdadera
“familia” es aquella que abraza sin excluir. Y la única “libertad” que vale es
la que libera del miedo, del hambre y de la opresión. El neofascismo católico
en México no es un asunto marginal: es una amenaza cultural y espiritual. Si no
se desenmascara, podría seguir secuestrando la fe del pueblo bajo el disfraz de
cruzadas morales. Ante ello, urge volver al Evangelio vivo de Jesús de Nazaret:
el que derriba los tronos de los poderosos y anuncia que el Reino pertenece a
los pobres, no a los patriotas del poder ni a los guardianes del orden injusto.
Ismael Braun
EL NEO-FASCISMO MEXICANO Y EL RIESGO
DE UN CATOLICISMO DOMESTICADO
En los últimos años, México ha sido testigo de un
resurgimiento ideológico que, bajo la apariencia de defensa de valores,
reproduce los patrones del fascismo europeo del siglo XX. En el discurso del
Partido Acción Nacional (PAN) y de ciertos grupos católicos ultraconservadores,
se ha vuelto común escuchar consignas como “Patria, Familia y Libertad”. Sin
embargo, pocos recuerdan que este lema tiene raíces en
El discurso moral como máscara del
poder
El PAN nació con un discurso inspirado en la doctrina
social cristiana, pero en su evolución, especialmente desde finales del siglo
XX, muchos de sus cuadros fueron cooptados por sectores ultraconservadores
formados en el Yunque, el Opus Dei y movimientos clericales que confunden el
Reino de Dios con el orden burgués. Bajo la bandera de la “defensa de la
familia”, han impulsado políticas que niegan derechos humanos básicos, estigmatizan
la diversidad y justifican el neoliberalismo como si fuera voluntad divina. El
lema “Patria, Familia y Libertad” no es inocente. Reproduce la misma lógica del
fascismo: una patria entendida como exclusión del diferente, una familia
reducida a un molde patriarcal, y una libertad concebida como privilegio de los
poderosos. No hay Evangelio en eso. El Evangelio no se somete al Estado ni a
las élites; se encarna en los pueblos y denuncia los ídolos del poder.
El riesgo de un catolicismo sin
profecía
El catolicismo que se acomoda al sistema, que bendice
fortunas manchadas, que calla ante la injusticia y demoniza la lucha social,
deja de ser Buena Noticia. Se convierte en una religión funcional al poder,
como en los tiempos en que Mussolini pactó con el Vaticano para consolidar su
régimen. Hoy, en México, ese mismo espíritu se manifiesta en obispos que
marchan con partidos de ultraderecha, en predicadores que confunden fe con
ideología, y en movimientos “provida” que defienden el feto pero no al niño
pobre, ni a la mujer violentada, ni al migrante rechazado.
Un llamado desde la fe liberadora
Desde






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