Por; Jesús Hoyos Hernández//Nacional//Análisis//Política//Opinión//Estados//Puebla//
Cuenta
la leyenda que *Fray Julián Garces tuvo un sueño* en el que veía una frondosa
campiña atravesada por cristalino rió que aumentaba su caudal con los
manantiales que brotaban de tan fértil tierra, y que cuando contemplaba esta
maravilla de la naturaleza, descendían del cielo Ángeles que con cordeles
trazaban la población, y cuando despertó reconstruyó su sueño, convocó a una
misa y se hizo acompañar por los monjes franciscanos de Tlaxcala para buscar el
lugar..
*La
Fundación el 16 de Abril de 1531*
Fray Toribio de Benavente llamado " El Motolinia", *celebro una
misa en donde hoy se encuentra la iglesia de la Santa Cruz, (junto a
Casa Aguayo)*, con un altar improvisado con palmas, maderas y un crucifijo,
para anunciar la fundación de la nueva ciudad llamada La Puebla de Los Ángeles, por mandato
de la Reyna de
España, rodeado de Tlaxcaltecas, Huejotzingas y Cholultecas. Después
de la misa hubo danzas, música y fiesta, profana para celebrar. Mientras
el padre Motolinia acompañado de Alonso Martín Pérez realizaba el trazo de la
ciudad con varas, cordeles, y estacas sacadas de los árboles así se fundo la
ciudad de Puebla.
Información
obtenida de los libros:
Puebla
de Los Ángeles
Salazar
Monroy
Leyendas
de Puebla
Continuamos con algo más sobre la historia de la Casa Matienzo
(Avenida Reforma 118)...
La
construcción data de la primera década del siglo XX. Al parecer fue realizada
por los arquitectos Bello y Arpa en cumplimiento de los deseos de don Andrés
Matienzo, quien reconstruye la vieja casona familiar que había heredado de su
madre, doña Inocencia López Ruiz de Matienzo, cuyo título de propiedad data de
1880; en ese entonces fue remodelada y adecuada al estilo europeo, imperante en
Puebla y en general en el país.
La
casa exteriormente es neoclásica, es decir, se tomaron elementos de la
arquitectura clásica griega o romana: tímpanos, mascarones, cartelas,
grutescos, cornisas, entablamentos tallados en cantera gris.
El
interior es de diversos estilos, cada habitación tiene un estilo o una
decoración diferente. El vestíbulo ostenta decoración pompeyana. Los muros de
la escalera están decorados con pintura de temas bucólicos, probablemente relazadas
por Dávila o Morales, pintores de la época. El salón es versallesco con el
plafón decorado con pinturas de flores y niños o cupidos. El fumador o sala de
juego es morisco, con el lambrín de azulejo árabe y la yesería elaborada con
moldes y técnicas propias de ese estilo. El comedor es Tudor. Una alcoba es art
nouveau. Un vestidor estilo Imperio. Las demás recámaras están adornadas con
amorcitos, flores, liras y ninfas. El despacho es de sobrio estilo español.
El
estilo de menaje de casa es rococó, Luís XVI, art. nouveau, Imperio, Bulle, Tudor, Reina Ana, español, morisco,
chinesco, versallesco y chippendale. Los muebles fueron importados de
Francia o Italia; los cuadros y pinturas de París; los cubiertos, jarras,
servicio de té, costureros y tijeras, de Alemania; la loza de Inglaterra; la
porcelana de Limoge; el cristal de Bohemia; los espejos de Francia o
Checoslovaquia; de Italia los juguetes de porcelana y los instrumentos
musicales; de Bélgica los tapices gobelinos, brocados, sedas, damascos,
galones; lámparas de Báccarat; las mecedoras de bejuco de Austria; los objetos
decorativos petwer (aleación de estaño y plata alemana) de Suecia; mayólica
portugués; lino egipcio para la mantelería y ropa de cama.
Construcción del palacio municipal de Puebla
Don
Leopoldo Gavito fungió como Presidente Municipal desde 1894 hasta 1903, ello le
permitió construir el magnífico Palacio Municipal, de estilo renacimiento
español. Hizo la propuesta en la sesión del 23 de septiembre de 1896.
Convocados los arquitectos a un concurso, se escogió el proyecto presentado por
el arquitecto inglés Carlos H. Hall, emprendiéndose los trabajos de
derrumbamiento del viejo palacio a fines del año últimamente citado y los de
construcción del nuevo palacio en 1902. En 1903, el 5 de enero, con motivo de
la visita del Presidente de la
República, General Porfirio Díaz, se estrenó la fachada del
palacio y la iluminación eléctrica. El
23 de noviembre de 1904, se colocó el reloj, obsequio del entonces Gobernador,
General Mucio P. Martínez, y en 1906, siendo Presidente Municipal don Francisco
de Velasco, se terminó el tercer piso, se hizo la decoración interior y se
colocó la escalera monumental de mármol, legítimo de Carrara.
En
el mes de noviembre del mismo año, se hizo la inauguración; la placa
conmemorativa consiste en una plancha de mármol colocada en el cubo del zaguán
que fue sustituida por otra que conmemora la jornada del 18 de noviembre de
1910. De
la Guía Turística
de Puebla por el Profr. Enrique Cordero y Torres. Imagen
del mismo libro, crédito de la toma a quien corresponda.
Puebla
fue la ciudad más golpeada de todas las guerras del siglo XIX mexicano. La
sitiaron en 1847 los norteamericanos, la sitiaron en 1863 los franceses durante
62 días hasta rendirla, la sitiaron de nuevo en 1867 cuando Porfirio Díaz la
tomó para los liberales el 2 de abril. Tres sitios militares en veinte años
sobre la misma ciudad colonial, con sus conventos convertidos en cuarteles, sus
calles empedradas usadas como trincheras, sus edificios agujereados por la
artillería. La paradoja era descomunal: Puebla era la ciudad más conservadora y
más clerical de México, la que había recibido a los franceses con mayor
simpatía, la que había visto en Maximiliano la oportunidad de restaurar el
orden que los liberales habían destruido. Y fue exactamente esa ciudad la que
tuvo que reconstruirse bajo las Leyes de Reforma, el programa liberal que
desamortizaba los bienes eclesiásticos, clausuraba conventos y secularizaba
cementerios, hospitales y escuelas que la Iglesia había administrado durante tres siglos.
Lo que ocurrió entre 1867 y 1876, en el período conocido como República
Restaurada, fue una transformación radical del tejido urbano de Puebla: los
conventos que los franceses habían usado como cuarteles y que el ejército
imperial había llenado de tropas quedaron vacíos cuando los religiosos fueron
expulsados, y el gobierno liberal los convirtió en escuelas públicas,
hospitales civiles y edificios de gobierno. El Convento de San Javier se volvió
penitenciaría. El de la
Concepción , escuela. El de Santa Mónica quedó tan
herméticamente cerrado que sus monjas continuaron viviendo en él en secreto
durante 60 años, hasta que en 1934 la policía derrumbó una pared y encontró a
las últimas religiosas viviendo dentro. En 1867, Juárez le cambió el nombre a
la ciudad: dejó de llamarse Puebla de los Ángeles para llamarse Puebla de
Zaragoza, en honor al general muerto cuatro meses después de haberla defendido.
La ciudad que había recibido a los franceses terminó llevando el apellido del
hombre que los detuvo.
En el año de 1586 llegó a Puebla la orden de los Carmelitas Descalzos, fue la
última de las cuatro grandes órdenes mendicantes que llegaron a la Nueva España...Les fue cedida la ermita de la Virgen de los Remedios que abarcaba en ese entonces tres solares y cuyo terreno era el camino hacia Atlixco, actualmente Avenida 16 de Septiembre. Poco después, gracias al obispo Diego Romano, obtuvieron tres porciones más de terreno, con lo que se logró la construcción de un Convento y una Iglesia dedicada a la Virgen del Carmen. En parte de dicho terreno tenían un huerto que se hizo famoso por sus cultivos, y era conocido como la Huerta de las Peras; estos religiosos tenían un enorme interés en la agricultura, por lo que se les atribuye la introducción de la alfalfa en Puebla, la que era desconocida hasta el siglo XVIII; para el riego de sus terrenos se les cedió una parte del agua sulfurosa del llamado -Ojo del Matadero-, en donde actualmente se encuentra el Paseo Bravo. Para 1844 existía ya el denominado Panteón de Santa María del Carmelo, ubicado a un lado del atrio, se dice que tenía cuatro corredores que lo cerraban, contaba con 96 columnas de estilo gótico que sostenían igual número de arcos del mismo estilo y había árboles y flores en el centro. Sin embargo, para 1880 se clausuró este panteón y 11 años más tarde se destruyó. Actualmente el Templo sólo ocupa media manzana de las cuatro iniciales.
Puebla
fue la ciudad más golpeada de todas las guerras del siglo XIX mexicano. La
sitiaron en 1847 los norteamericanos, la sitiaron en 1863 los franceses durante
62 días hasta rendirla, la sitiaron de nuevo en 1867 cuando Porfirio Díaz la
tomó para los liberales el 2 de abril. Tres sitios militares en veinte años
sobre la misma ciudad colonial, con sus conventos convertidos en cuarteles, sus
calles empedradas usadas como trincheras, sus edificios agujereados por la
artillería. La paradoja era descomunal: Puebla era la ciudad más conservadora y
más clerical de México, la que había recibido a los franceses con mayor
simpatía, la que había visto en Maximiliano la oportunidad de restaurar el
orden que los liberales habían destruido. Y fue exactamente esa ciudad la que
tuvo que reconstruirse bajo las Leyes de Reforma, el programa liberal que
desamortizaba los bienes eclesiásticos, clausuraba conventos y secularizaba
cementerios, hospitales y escuelas que
Imágenes tomas de la página Puebla antigua.
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