//Efemérides//Siglo XIX//Estados//Puebla//Batalla del 5 de Mayo//
EL EJÉRCITO DE ORIENTE.
El 18 de marzo de 1863, el Ejército Francés, compuesto por 29 mil hombres, pusieron sitio a la ciudad de Puebla. Después de dos meses de resistencia la ciudad capítulo el 17 de mayo. Para entonces habían muerto 11 mil de los 22 mil soldados del Ejercito de oriente. Veintisiete generales mexicanos cayeron presos, entre ellos Porfirio Dìaz. Antes de llegar a Veracruz para ser embarcados a Francia, donde serian encarcelados, Porfirio Díaz escapó. Se dirigió de inmediato a la ciudad de México donde encontró a Benito Juàrez, acompañándolo hasta Toluca en su fuga al norte del país. Recibió órdenes de trasladarse al estado de Oaxaca, y con 2,800 hombres reinició la defensa de la patria en contra del invasor francés.
Al rendirse Puebla en 1863 frente a los franceses, cerca
de 1,500 generales, jefes y oficiales mexicanos cayeron en manos del enemigo.
Poco después, tras negarse a firmar un documento de sumisión (en el que se comprometían
a no luchar contra la intervención francesa, ni el gobierno que de ella
emanara), los mexicanos recibieron la noticia de que serían enviados al
destierro. Mientras se dirigían al puerto jarocho, un buen número de oficiales
mexicanos logró escapar. Esto es lo que Francisco P. Troncoso escribió al
respecto en su diario:
« Día 25 de Mayo.
A Orizaba.
Salimos á las seis para Orizaba. Los Generales, aunque
salieron después, llegaron antes que nosotros, pues van en coches y
diligencias. Desde el Ingenio se nos incorporó una fuerza del 7° Regimiento de
Infantería francés, que parece que nos escoltará hasta Córdoba. El Jefe de esta
fuerza, Comandante de Batallón, es un hombre alto y grueso y de muy dulce
carácter. Apenas llegamos, van á vernos muchas familias, y nuestra prisión se
llena de gente de la ciudad.
Día 26 de Mayo.
Permanecemos en
Orizaba.
Desde medio día, pero principalmente desde las seis de la
tarde empiezan á escaparse, vestidos de paisanos y confundidos con los de la
ciudad, un grandísimo número de Generales, Jefes'y oficiales, que son recibidos
amabilísimamente por los habitantes de Orizaba y ocultados en el acto. A las
nueve de la noche se nota la fuga y toman los franceses medidas rigurosas para
impedir que siguiera la escapatoria. Entre los que se han fugado, está el
General González Ortega. Smith, Sóstenes Rocha, Pancho Hernández y Rosado, se
han fugado sin avisarnos, y la verdad es que han hecho bien, pues los que
quedamos somos unos imbéciles. Hemos estado fuera de la prisión, y con la
terquedad de cumplir lo que llamamos nuestro compromiso, hemos vuelto, porque
otros no habían salido. Cuando, habiendo reflexionado, nos hemos querido
escapar, ya no era tiempo. Pasan de trescientos los fugados. Han quedado
muchísimos equipajes abandonados, de los que se han apoderado los que han
querido, sobre todo los carreros. Alas doce de la noche se me presenta el
Teniente G. y me propone en venta un kepí, una levita y un pantalón de oficial
de artillería, muy nuevos; yo me niego, pero me dice que el dueño, que era su
compañero y amigo, se ha escapado, y que peor es dejar tirado ese uniforme; al
fin le compro las tres piezas en dos pesos. Otro oficial me trae camisas,
calzoncillos y unos pares de calcetines nuevos, aún sin marcar y me los regala,
con tal que le compre una pequeña petaca, que le regaló otro oficial al
escaparse; le doy diez reales y en el acto la aprovecho para guardar la ropa
comprada. Estas compras las hice, porque mi pequeño equipaje se había perdido.
Muchos equipajes quedan abandonados, sin que nadie los toque, al menos por ese
día. Ha causado un gran efecto la escapada tal numerosa. Cada rato entran y
salen soldados y oficiales franceses para observarnos, y no nos dejan dormir.
Se me olvidaba decir que un grupo de familias de la ciudad, dispuso sesenta
catres de tijera, camas y colchones bien habilitados para los prisioneros.
Día 27 de Mayo.
Permanecemos aún en Orizaba. La vigilancia es extrema; trabajo nos cuesta comer y sólo dejan entrar las comidas que nos mandan las buenas y caritativas familias de la ciudad. Este descanso nos ha sido de mucho provecho. Sabemos que no han atrapado á ningún fugitivo, pues en la misma noche los sacaron fuera de la ciudad; los pocos que aún quedan en ella, están muy bien escondidos». Al final, únicamente fueron embarcados en Veracruz cerca de 500 oficiales mexicanos. De ellos, solo algunos se negaron hasta el final a firmar el compromiso de sumisión frente a los franceses.
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