Por; Jesús Hoyos Hernández//Nacional//Análisis//Política//Opinión//
El ultimo adiós a Emiliano Zapata el caudillo del sur.
Te
dijeron que a Emiliano Zapata lo mataron en una emboscada. Es cierto. Pero la
historia real es mucho más retorcida y monstruosa de lo que te contaron: fue
una traición metida dentro de otra traición, cebada con la sangre de cincuenta
hombres. Para 1919, el zapatismo se moría. Años de guerra, la política de
tierra quemada de Carranza y hasta una epidemia de gripe habían diezmado al
Ejército Libertador del Sur. El general carrancista Pablo González diseñó
entonces una trampa, y su instrumento fue el coronel Jesús Guajardo. González
hizo correr el rumor de que Guajardo estaba peleado con Carranza; incluso lo
vieron vagando ebrio por las calles, maldiciendo al presidente. Zapata, que
necesitaba hombres y armas, mordió el anzuelo e invitó a Guajardo a desertar y
unírsele. Pero Zapata no era ningún ingenuo, y exigió una prueba. Y la prueba
que pidió fue, en sí misma, terrible: Guajardo tenía que perseguir y fusilar a
cincuenta hombres, antiguos zapatistas que años atrás lo habían traicionado
pasándose al ejército de Carranza. Zapata quería muertos a esos traidores como
precio de la alianza. Y Guajardo lo hizo: mandó fusilar a los cincuenta. Toda
la "captura" estaba montada, autorizada por el propio González. Es
decir: un traidor asesinó a cincuenta hombres para ganarse el derecho a
asesinar a uno más. Convencido por tanta sangre, Zapata aceptó reunirse con
Guajardo en la Hacienda de Chinameca el 10 de abril de 1919, para recibir las
armas y las municiones. Entró con una escolta pequeña. Los soldados de Guajardo
estaban formados como guardia de honor, presentando armas, con una corneta
tocando el saludo. Y al llegar a la última nota, abrieron fuego a quemarropa.
Veinte balas. Cayó muerto en el acto. El honor militar era la señal para
matarlo.
A
Guajardo lo ascendieron a general por órdenes del propio Carranza y le
ofrecieron cincuenta mil pesos en monedas de oro. Y aquí viene lo que casi
parece justicia: poco más de un año después, Guajardo también fue capturado y
fusilado. El pueblo de Morelos se negó a creer nada de esto. Dijeron que el
cadáver no era Zapata: un lunar que no estaba donde debía, una cicatriz que no
coincidía, que había escapado y que todavía cabalgaba en la sierra. Porque hay
hombres demasiado grandes para dejarlos morir. Pero murió. Lo mató una trampa
tan fría que hubo que degollar a cincuenta hombres solo para cebarla.
¿Por
qué a los que no pueden vencerte de frente siempre les queda, al final, el
camino de la traición?
CUAUTLA, ABRIL DE 1919 - CUANDO
JOSEFA ESPEJO ABRAZÓ POR ÚLTIMA VEZ A ZAPATA
Abril
de 1919. Cuautla, Morelos, está de luto. En una habitación humilde de adobe,
con vigas de madera y paredes de cal, descansa un ataúd de madera. Es sencillo,
de pino, como era la gente de Morelos. Pero no está solo. El pueblo lo cubrió
de amor: ramos de flores blancas de campo atados con hilo, coronas hechas a
mano por campesinas, velas encendidas en el piso de tierra. Al fondo, dos
coronas grandes y un listón blanco que dice "Tierra y Libertad", la
frase por la que vivió y por la que murió. Sobre el cajón, su sombrero charro
bordado. Vacío. Polvoso. El mismo que recorrió todos los caminos del sur. Y
abrazada a él, vencida, sin fuerzas, está Josefa Espejo. Su esposa. No llora a
gritos. Su dolor es más profundo que eso. Tiene la mejilla pegada a la madera
fría, los ojos cerrados, una mano extendida acariciando el ataúd como si a
través de esa madera pudiera tocarlo una vez más. Es el abrazo de una mujer que
entiende que el hombre que vio partir cien veces a caballo, con sus hombres
esperándolo a lo lejos, esta vez no va a volver. Detrás, en la pared, su
retrato. El rostro delgado, el bigote largo y elegante, la mirada firme que
hizo temblar a los hacendados. A su alrededor, su gente. Seis zapatistas con
carrillera cruzada, cabeza agachada, sombrero en mano. Un anciano que aprieta
su sombrero contra el pecho. Una mujer mayor que se limpia las lágrimas con un
pañuelo blanco. Nadie habla. Nadie mira a otro lado. Todos saben que ahí no
solo se va un general. Se va el hombre que les prometió tierra. La historia nos
contó cómo murió Emiliano Zapata. El 10 de abril de 1919, a traición, en la
Hacienda de Chinameca. Pero nunca nos contaron cómo empezó a morir Josefa. Josefa
vivió toda su vida entre dos momentos: verlo irse y esperarlo volver.
Agarrándole la manga del saco para pedirle 5 minutos más. Quedándose en la
puerta de adobe mirando un camino vacío lleno de polvo, preguntándose si esa
nube a lo lejos era él. El día que el camino no trajo polvo, trajo un ataúd. Esta
imagen es el retrato de todas las mujeres que la historia olvidó. Porque
mientras los hombres hacen la revolución a caballo, las mujeres hacen otra
revolución en silencio: la de quedarse, la de esperar, la de sostener la casa
con el corazón en la mano, la de abrazar un cajón cuando todos los demás ya se
fueron. La guerra de Zapata terminó con 7 balazos. La guerra de Josefa empezó
ese día. La de dormir con un sombrero vacío en la cerca. La de escuchar en todo
México que tu esposo es un héroe, mientras tú solo querías que fuera tu esposo
en tu casa. Hoy en México hay miles de Josefas. La que abraza una foto porque
su esposo se fue al norte. La que espera en una puerta a un hijo que salió a
trabajar. La que se queda con la silla vacía y el sombrero colgado. Detrás de
cada hombre que se vuelve leyenda, hay una mujer que se queda sola aprendiendo
a vivir con la ausencia. Si alguna vez has tenido que abrazar algo — un ataúd,
una foto, una camisa — sabiendo que ahí se iba tu vida entera, esta historia es
tuya. Compártela. Que México nunca olvide que el amor más grande que tuvo
Zapata no fue el del pueblo. Fue el de la mujer que se quedó abrazada a él
hasta el final.
Primera tumba de Emiliano Zapta Frases
célebres de Emiliano Zapata
Emiliano
Zapata Salazar, uno de los principales líderes de la Revolución Mexicana, dejó
un legado que sigue vigente en la lucha por la justicia social, la defensa de
la tierra y los derechos de los campesinos. Entre las frases que se le
atribuyen destacan las siguientes:
“Perdono
al que roba y al que mata, pero al que traiciona, nunca.”
“¡Tierra
y libertad!”
“Si
no hay justicia para el pueblo, que no haya paz para el gobierno.”
“Yo
estoy resuelto a luchar contra todo y contra todos, sin más baluarte que la
confianza y el apoyo de mi pueblo.”
“El
campesino tenía hambre, padecía miseria y sufría explotación; si se levantó en
armas fue para obtener el pan que la avidez del rico le negaba.”
“La
ignorancia y el oscurantismo, en todos los tiempos, no han producido más que
rebaños de esclavos para la tiranía.”
“Quiero
morir siendo esclavo de los principios, no de los hombres.”
“Aguardamos
la hora decisiva, el momento preciso en que los pueblos se hunden o se salvan.”
“Voy
a decir verdades amargas; pero nada expresaré a usted que no sea cierto, justo
y honradamente dicho.”
“Los
enemigos de la patria y de las libertades de los pueblos siempre han llamado
bandidos a quienes se sacrifican por sus nobles causas.”
“El
que quiera ser águila, que vuele; el que quiera ser gusano, que se arrastre,
pero que no grite cuando lo pisen.”
Estas
expresiones reflejan el pensamiento de un hombre que hizo de la lucha agraria y
la defensa de los más desprotegidos la causa de su vida. Su lema, “Tierra y Libertad”,
se convirtió en una de las consignas más representativas de la Revolución
Mexicana y continúa siendo un símbolo de justicia social y dignidad para el
pueblo mexicano.
¡Viva
Zapata!
A
Guajardo lo ascendieron a general por órdenes del propio Carranza y le
ofrecieron cincuenta mil pesos en monedas de oro. Y aquí viene lo que casi
parece justicia: poco más de un año después, Guajardo también fue capturado y
fusilado. El pueblo de Morelos se negó a creer nada de esto. Dijeron que el
cadáver no era Zapata: un lunar que no estaba donde debía, una cicatriz que no
coincidía, que había escapado y que todavía cabalgaba en la sierra. Porque hay
hombres demasiado grandes para dejarlos morir. Pero murió. Lo mató una trampa
tan fría que hubo que degollar a cincuenta hombres solo para cebarla.
¿Por
qué a los que no pueden vencerte de frente siempre les queda, al final, el
camino de la traición?
Abril
de 1919. Cuautla, Morelos, está de luto. En una habitación humilde de adobe,
con vigas de madera y paredes de cal, descansa un ataúd de madera. Es sencillo,
de pino, como era la gente de Morelos. Pero no está solo. El pueblo lo cubrió
de amor: ramos de flores blancas de campo atados con hilo, coronas hechas a
mano por campesinas, velas encendidas en el piso de tierra. Al fondo, dos
coronas grandes y un listón blanco que dice "Tierra y Libertad", la
frase por la que vivió y por la que murió. Sobre el cajón, su sombrero charro
bordado. Vacío. Polvoso. El mismo que recorrió todos los caminos del sur. Y
abrazada a él, vencida, sin fuerzas, está Josefa Espejo. Su esposa. No llora a
gritos. Su dolor es más profundo que eso. Tiene la mejilla pegada a la madera
fría, los ojos cerrados, una mano extendida acariciando el ataúd como si a
través de esa madera pudiera tocarlo una vez más. Es el abrazo de una mujer que
entiende que el hombre que vio partir cien veces a caballo, con sus hombres
esperándolo a lo lejos, esta vez no va a volver. Detrás, en la pared, su
retrato. El rostro delgado, el bigote largo y elegante, la mirada firme que
hizo temblar a los hacendados. A su alrededor, su gente. Seis zapatistas con
carrillera cruzada, cabeza agachada, sombrero en mano. Un anciano que aprieta
su sombrero contra el pecho. Una mujer mayor que se limpia las lágrimas con un
pañuelo blanco. Nadie habla. Nadie mira a otro lado. Todos saben que ahí no
solo se va un general. Se va el hombre que les prometió tierra. La historia nos
contó cómo murió Emiliano Zapata. El 10 de abril de
Primera tumba de Emiliano Zapta
Frases
célebres de Emiliano Zapata
Emiliano
Zapata Salazar, uno de los principales líderes de la Revolución Mexicana, dejó
un legado que sigue vigente en la lucha por la justicia social, la defensa de
la tierra y los derechos de los campesinos. Entre las frases que se le
atribuyen destacan las siguientes:
“Perdono
al que roba y al que mata, pero al que traiciona, nunca.”
“¡Tierra
y libertad!”
“Si
no hay justicia para el pueblo, que no haya paz para el gobierno.”
“Yo
estoy resuelto a luchar contra todo y contra todos, sin más baluarte que la
confianza y el apoyo de mi pueblo.”
“El
campesino tenía hambre, padecía miseria y sufría explotación; si se levantó en
armas fue para obtener el pan que la avidez del rico le negaba.”
“La
ignorancia y el oscurantismo, en todos los tiempos, no han producido más que
rebaños de esclavos para la tiranía.”
“Quiero
morir siendo esclavo de los principios, no de los hombres.”
“Aguardamos
la hora decisiva, el momento preciso en que los pueblos se hunden o se salvan.”
“Voy
a decir verdades amargas; pero nada expresaré a usted que no sea cierto, justo
y honradamente dicho.”
“Los
enemigos de la patria y de las libertades de los pueblos siempre han llamado
bandidos a quienes se sacrifican por sus nobles causas.”
“El
que quiera ser águila, que vuele; el que quiera ser gusano, que se arrastre,
pero que no grite cuando lo pisen.”
Estas
expresiones reflejan el pensamiento de un hombre que hizo de la lucha agraria y
la defensa de los más desprotegidos la causa de su vida. Su lema, “Tierra y Libertad”,
se convirtió en una de las consignas más representativas de la Revolución
Mexicana y continúa siendo un símbolo de justicia social y dignidad para el
pueblo mexicano.
¡Viva
Zapata!










No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por sus comentarios