Por; Jesús Hoyos Hernández//Nacional//Análisis//Política//Opinió//Revolución mexicana//
Eufemio Zapata,
hermano mayor del Caudillo del Sur
© Edición protegida por Asombroso | Basado en material de:
Fuente original: Archivos históricos de la Revolución Mexicana ;
biografías de Eufemio Zapata; testimonios de veteranos zapatistas; crónicas de
la época (1910-1917); investigaciones del INAH sobre la familia Zapata;
documentos del Plan de Ayala |
20
de marzo de 1864. Nace Eufemio Zapata, hermano mayor de Emiliano Zapata. Eufemio
fue General segundo al mando del Ejército Libertador del Sur por mérito
propio, tenía un gran poder de convocatoria, podía reunir a más de mil
hombres para ir a pelear. Era un general enérgico y decisivo. Paco Ignacio
Taibo, comenta una anécdota de él donde nos muestra la humildad y la sencillez
de este personaje del campo, nos dice Taibo que al llegar las tropas zapatistas
a la Ciudad de
México, Emiliano toma el Palacio Nacional y deja a su hermano como
encargado. Cuando Eufemio entra al palacio recorre cuarto por cuarto
buscando la silla presidencial para quemarla ya que era una silla maldita, el
caso es que nunca la encontró porque en su sencillez él buscaba una silla de
montar.
¡Viva Eufemio Zapata!
¡Viva Morelos!
Mientras
Emiliano Zapata se convertía en leyenda, otro hombre cabalgaba a su sombra. No
era el estratega. No era el líder político. No era el que firmaba los planes y
arengaba a las multitudes. Era el brazo armado. El que ejecutaba. El que no
dudaba. El general Eufemio Zapata, hermano mayor del Caudillo del Sur, fue una
figura tan temida como respetada en el movimiento zapatista. No hablaba bonito.
No escribía manifiestos. Montaba a caballo, empuñaba el fusil y hacía lo que
había que hacer. Para algunos, un héroe violento. Para otros, un soldado leal
hasta la muerte. Para la historia, un personaje incómodo, que no cabe en las
narrativas simplistas de buenos y malos. Esta es su historia.
El
general Eufemio Zapata, hermano mayor de Emiliano Zapata, fue una figura
destacada del movimiento zapatista durante la Revolución Mexicana.
Nació en Anenecuilco, Morelos, en 1873, seis años antes que Emiliano. Desde
joven, trabajó la tierra. No tuvo educación formal. Su escuela fue el campo, la
asamblea comunal, la lucha diaria por la supervivencia. Cuando los hacendados
comenzaron a acaparar las tierras de los campesinos, Eufemio sintió la misma
rabia que su hermano. Pero mientras Emiliano canalizaba esa rabia en estrategia
y política, Eufemio la canalizaba en acción directa.
Eufemio
no era un estratega. No planeaba batallas complejas ni tejía alianzas
políticas. Era un guerrillero. Un hombre que conocía el terreno, que sabía
moverse entre las cañadas, que no le temía a la muerte. Su reputación era
temible. Los federales le tenían pavor. Los hacendados, también. Se decía que
era impulsivo, cruel a veces, que no daba cuartel. Pero también se decía que
era leal. Leal a su hermano. Leal a la causa. Leal a los campesinos de Morelos,
que lo veían como su protector.
En
la División
del Sur, Eufemio mandaba a sus propios hombres. No eran tantos como los de
Emiliano, pero eran igual de feroces. Participó en las tomas de Cuautla, de
Jonacatepec, de Yautepec. Peleó en las batallas más sangrientas de la Revolución del Sur.
Siempre al frente. Siempre con el rifle en la mano. Los cronistas de la época
lo describen como un hombre de baja estatura, pero de complexión robusta, de
mirada intensa, de bigote poblado como el de Emiliano. No usaba uniforme.
Vestía como sus soldados: calzón de manta, sombrero de palma, carrilleras
cruzadas. No buscaba distinguirse. Buscaba confundirse.
La
relación entre Emiliano y Eufemio era compleja. Se querían, se respetaban, pero
también se confrontaban. Emiliano era el cerebro. Eufemio, el músculo. Emiliano
negociaba con los políticos. Eufemio, cuando la negociación fallaba, tomaba el
pueblo. Los hermanos Zapata eran un equipo. Uno sin el otro no habría sido lo
mismo.
Pero
Eufemio también tenía defectos. Muchos. Los historiadores han señalado su
afición al alcohol, su temperamento explosivo, su tendencia a resolver los
problemas con violencia. En los momentos difíciles de la Revolución , cuando el
hambre apretaba y las deserciones se multiplicaban, Eufemio era el encargado de
mantener la disciplina. Y la mantenía. A veces, con métodos brutales. Se dice
que fusiló a desertores sin juicio, que castigó a pueblos enteros que
colaboraban con el enemigo. Era un hombre de su tiempo. Y su tiempo era brutal.
El
destino de Eufemio fue tan trágico como el de Emiliano. En 1917, cuando el
movimiento zapatista estaba en su peor momento, acosado por las tropas
carrancistas, Eufemio cayó en una emboscada. No fue en una gran batalla. Fue en
un enfrentamiento menor, en los alrededores de Cuautla. Un balazo lo alcanzó en
el pecho. Murió al instante. Sus hombres, al verlo caer, huyeron. Su cuerpo
quedó tendido en el polvo, junto a su caballo. Tenía cuarenta y cuatro años.
Emiliano
sintió la muerte de su hermano como un balazo en el alma. Perdía no solo a un
familiar, sino a su brazo derecho, a su hombre de confianza. La Revolución del Sur
nunca se recuperó del todo. Dos años después, el 10 de abril de 1919, Emiliano
también caería en una emboscada en Chinameca. Los dos hermanos, unidos en vida,
también lo estarían en la muerte.
Hoy,
Eufemio Zapata es una figura poco recordada. Los libros de texto mencionan su
nombre de pasada, si acaso. Las estatuas y los monumentos son para Emiliano.
Pero los viejos de Morelos, los que aún hablan de aquellos tiempos, no lo
olvidan. Saben que sin Eufemio, Emiliano no habría sido el mismo. Saben que la Revolución del Sur no
fue obra de un solo hombre, sino de una familia. De un pueblo. De un ejército
de campesinos que, como Eufemio, no sabían hablar bonito, pero sabían morir por
su tierra.
Eufemio Zapata,
hermano mayor del Caudillo del Sur
© Edición protegida por Asombroso | Basado en material de:
Fuente original: Archivos históricos de
20
de marzo de 1864. Nace Eufemio Zapata, hermano mayor de Emiliano Zapata. Eufemio
fue General segundo al mando del Ejército Libertador del Sur por mérito
propio, tenía un gran poder de convocatoria, podía reunir a más de mil
hombres para ir a pelear. Era un general enérgico y decisivo. Paco Ignacio
Taibo, comenta una anécdota de él donde nos muestra la humildad y la sencillez
de este personaje del campo, nos dice Taibo que al llegar las tropas zapatistas
a
¡Viva Eufemio Zapata!
¡Viva Morelos!
Mientras
Emiliano Zapata se convertía en leyenda, otro hombre cabalgaba a su sombra. No
era el estratega. No era el líder político. No era el que firmaba los planes y
arengaba a las multitudes. Era el brazo armado. El que ejecutaba. El que no
dudaba. El general Eufemio Zapata, hermano mayor del Caudillo del Sur, fue una
figura tan temida como respetada en el movimiento zapatista. No hablaba bonito.
No escribía manifiestos. Montaba a caballo, empuñaba el fusil y hacía lo que
había que hacer. Para algunos, un héroe violento. Para otros, un soldado leal
hasta la muerte. Para la historia, un personaje incómodo, que no cabe en las
narrativas simplistas de buenos y malos. Esta es su historia.
El
general Eufemio Zapata, hermano mayor de Emiliano Zapata, fue una figura
destacada del movimiento zapatista durante
Eufemio
no era un estratega. No planeaba batallas complejas ni tejía alianzas
políticas. Era un guerrillero. Un hombre que conocía el terreno, que sabía
moverse entre las cañadas, que no le temía a la muerte. Su reputación era
temible. Los federales le tenían pavor. Los hacendados, también. Se decía que
era impulsivo, cruel a veces, que no daba cuartel. Pero también se decía que
era leal. Leal a su hermano. Leal a la causa. Leal a los campesinos de Morelos,
que lo veían como su protector.
En
La
relación entre Emiliano y Eufemio era compleja. Se querían, se respetaban, pero
también se confrontaban. Emiliano era el cerebro. Eufemio, el músculo. Emiliano
negociaba con los políticos. Eufemio, cuando la negociación fallaba, tomaba el
pueblo. Los hermanos Zapata eran un equipo. Uno sin el otro no habría sido lo
mismo.
Pero
Eufemio también tenía defectos. Muchos. Los historiadores han señalado su
afición al alcohol, su temperamento explosivo, su tendencia a resolver los
problemas con violencia. En los momentos difíciles de
El
destino de Eufemio fue tan trágico como el de Emiliano. En 1917, cuando el
movimiento zapatista estaba en su peor momento, acosado por las tropas
carrancistas, Eufemio cayó en una emboscada. No fue en una gran batalla. Fue en
un enfrentamiento menor, en los alrededores de Cuautla. Un balazo lo alcanzó en
el pecho. Murió al instante. Sus hombres, al verlo caer, huyeron. Su cuerpo
quedó tendido en el polvo, junto a su caballo. Tenía cuarenta y cuatro años.
Emiliano
sintió la muerte de su hermano como un balazo en el alma. Perdía no solo a un
familiar, sino a su brazo derecho, a su hombre de confianza.
Hoy,
Eufemio Zapata es una figura poco recordada. Los libros de texto mencionan su
nombre de pasada, si acaso. Las estatuas y los monumentos son para Emiliano.
Pero los viejos de Morelos, los que aún hablan de aquellos tiempos, no lo
olvidan. Saben que sin Eufemio, Emiliano no habría sido el mismo. Saben que




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