jueves, 16 de septiembre de 2021

Los popolocas o ngiwas

Grupo étnico  popolocas o ngiwas






Los popolocas o ngiwas (como ellos mismos se denominan) son uno de los grupos indígenas más controvertidos, menos conocidos, y representan a la tercera lengua indígena de mayor relevancia en el Estado de Puebla. Los ngiwa, junto con otros grupos étnicos emparentados, ocuparon la región sur y central del Estado de Puebla, la zona norte de Oaxaca, y tal vez la zona este de Guerrero y la zona sur de Tlaxcala. El sureste de Puebla es considerado cuna de las lenguas pertenecientes a la familia lingüística Otomangue, los popolocas son representantes vivos de esta familia lingüística y están entre los pobladores más antiguos de esta región. En la década de los sesentas del Siglo pasado, estudiosos de Mesoamérica concluyeron que, por la importancia de esta región y el valor de sus habitantes, por la riqueza de su memoria biocultural, este grupo desempeñó un papel fundamental en el desarrollo de Mesoamérica debido a su ubicación estratégica como punto intermedio entre el Altiplano Central, la Costa del Golfo y Oaxaca (tres regiones de las más importantes en el desarrollo mesoamericano), a la domesticación del maíz y con ello al antecedente de la agricultura en Mesoamérica, a la fabricación de cerámica y el uso de la sal.

 

Según los registros históricos, entre el año 900 al 200 a.C., los antecesores ngiwa hablaban un mismo idioma que era comprensible tanto para ngiwas (popolocas) como para mazatecos, ixcatecos y chocholtecos (véase en la sección de Recursos el significado de las palabras popoloca-chocholteca-ngiwa). En su conjunto, los ngiwa construyeron importantes sistemas de riego, centros ceremoniales en lugares altos y juegos de pelota. Una de sus características representativas fue la elaboración de objetos en cerámica de color anaranjado y gris, mismos que comercializaban en lugares muy apartados como Teotihuacán. El esplendor de la cultura ngiwa se documenta alrededor del año 700 d.C., época en que ya habían desarrollado técnicas especializadas para la agricultura, intensificando el sistema de cultivos por medio de la construcción de presas, canales y terrazas; explotaron minas de sal; procesaron el algodón; y mantuvieron un creciente sistema de comercialización de sus productos. Su organización social y política estaba dividida y se fue acentuando hasta formar un grupo de poder que poseía los conocimientos científicos y religiosos que también se hacía cargo del poder político y militar. Los puestos de menor importancia los ocupaba la gente del pueblo y se regían por un sistema de rotación. Llegaron a formar señoríos representados por ciudades fortificadas; entre las más importantes destacaron Tepeaca, Tehuacán, Tlacotepec, Tecamachalco, Tepexi y Cuthá.

Jesús Hoyos Hernández

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