Biografía de Oscar Samuel Malpica
Uribe
Oscar Samuel Malpica Uribe Nació en la ciudad de
Atlixco, Puebla. Obtuvo la licenciatura en Antropología y la maestría en la Escuela Nacional
de Antropología e Historia. Se traslada a la ciudad de Puebla y se dedica a la
investigación en el Instituto de Ciencias, en el Departamento de
Investigaciones Históricas del Movimiento Obrero, en el que destacaría como
investigador.
En
los años ochenta, hizo una pausa en la investigación para competir por la
candidatura a la Rectoría
de la Institución,
anhelo que logró en 1987, siendo uno de los rectores más jóvenes en asumir esta
responsabilidad.
Desde
su experiencia en la Rectoría
de la BUAP, su
participación en la política local fue constante. Fue en más de una ocasión
candidato a puestos de elección popular, destacando el de candidato a la
alcaldía poblana en 2007, postulado por partidos de izquierda, elección
política en la que militó siempre.
Con 32 años fue electo
rector de la BUAP
en 1987, cargo que ocupó hasta 1989; se le señaló por fraude y fue detenido en
1992, pero un año después fue liberado y exonerado por falta de pruebas.
Elecciones y crisis
universitaria
Con un muy fuerte respaldo en
el voto estudiantil, Samuel Malpica asumió como Rector en 1987, ya con Mariano
Piña Olaya como gobernador y con la política del Estado decidida al
estrangulamiento presupuestal de las universidades públicas en manos de la
izquierda en México. La universidad “democrática, crítica y popular”,
definida por el voto igualitario --universal, directo y secreto-- entre
profesores, estudiantes y trabajadores administrativos y la política de
admisión sin restricciones. Era una universidad desbordada por la permanente
crisis laboral, la matrícula sin límites, la precariedad presupuestal extrema,
la confusión ideológica, la inestabilidad política, el bajo nivel académico y
el creciente desprestigio público. 1989 marcó la quiebra de ese modelo
universitario y el rompimiento de los grupos políticos que habían mantenido el
control de la institución. Las figuras de Alfonso Vélez Pliego y Samuel Malpica
identificaron las corrientes de izquierda universitaria que se disputaron en
las elecciones de 1987 a
la universidad. Malpica derrotó al candidato velecista José Dóger con el
respaldo del voto estudiantil, pero no logró en sus dos años de rectorado
resolver los conflictos de toda índole que estallaban en las acaloradas
sesiones del Consejo Universitario. El conflicto que la universidad vivió en
los últimos meses de 1989, determinada por la abierta postura contra los
malpiquistas asumida por el gobierno estatal a través del estrangulamiento
financiero, se resolvió en diciembre con la destitución de Samuel Malpica como
rector, en lo que en muchos sentidos fue un golpe de Estado al interior de la
institución. La crisis que abrió paso a veintitrés años gobierno universitario
claramente alejado del modelo de la universidad de izquierda y decididamente
sustentado en la alianza política con los gobiernos priistas --los rectorados
de Pepe Dóger, Enrique Dóger y Enrique Agüera--, se zanjó con el asesinato del
profesor Cuéllar, la tarde del 22 de diciembre de 1989, cuando los grupos
malpiquistas intentaron recuperar el edificio Carolino y la manifestación fue
disuelta a balazos.

Samuel Malpica Uribe, académico, investigador y
activista. Ocupo el cargo de rector de la Benemérita
Universidad Autónoma de Puebla en 1987-1989. Fue
asesinado afuera de su domicilio, en la colonia San Manuel el 2 de Julio del 2013” Fue promotor del Partido Movimiento de
Regeneración Nacional (Morena) Fue asesinado tres días antes de realizarse
elecciones locales en Puebla.
El derrocamiento
Lo que real mente llevo al
derrocamiento, de Samuel Malpica; fue de mantenerse firme, la libertad
de pensamiento de ideas comunistas, defender la autonomía de la universidad, la
educación publica, la libre critica en contra del gobierno poblano, esto llevo
a negarse a entregar la universidad. Mantener
y ser una universidad de izquierda, la universidad se destaco por ser un
contrapeso político. Le fabricaron delitos y lo encarcelaron miserable mente, le arrebataron el control de la universidad. Eran los tiempos de la universidad crítica, popular y de
masas, así se definía la máxima casa de estudios y su lema era que los hijos de
los obreros y campesinos tuvieran acceso a la educación.
El
jueves 7 de septiembre de 1989, previo a su informe, y posteriormente, grupos
de choque patrocinados por el gobierno del Estado y los Dóger, toman por asalto
el edificio Carolino rodean el edificio y sus pasillos una trifulca al interior, la plaza de la democracia fuerzas del orden se
acercan vestidos de civiles aseguran que iban armados, aunque otros mantienen
la postura que eran alumnos de la misma universidad, por casi tres días el
edificio Carolino fue un estado de sitio. Final mente Samuel Malpica fue sacado
y preso acusado de malos manejos financieros de la universidad, un preso político
por encargo del entonces gobernador de Puebla.
Samuel
Malpica fue destituido como rector de la
UAP el 30 de octubre de 1989, después de más de un año de
gestión, periodo en el cual, según reporte de los auditores, se compraron a la
empresa fantasma de René Bejarano grandes volúmenes de papel higiénico,
réplicas de esqueletos humanos, básculas, colchas, sábanas y fundas para
almohadas, así como uniformes y otros insumos, muchos de los cuales no fueron
hallados o se facturaron con documentos que no estaban debidamente requisitazos.
Como rector
Se distinguió por su lucha a favor de las
causas sociales; fue un universitario comprometido con el trabajo académico y
destacado investigador en el área de la Antropología Social.
Como investigador
Combinó
su participación política con investigaciones en arqueoastronomía, sobre todo
en los valles de Puebla y Atlixco; y la cultura maya en menor medida. Sus
trabajos incluso llamaron la atención de Discovery Channel.
Cónica del Sábado 28 de enero de 1989.
La noche anterior velaron armas todos. Unos para el ataque y la defensa. Otros
Para pintar su raya. Finalmente y para regocijo de sus detractores, el eterno
pleito llegó a la comisaría en un Informe que destaca la nota policiaca. Y como
una estela que siguiera al Rector por el pasillo del Salón Barroco, en el
murmullo de los asistentes quedó el tum-tum de la declaración de guerra.
1.- A las 12:30 Oscar Samuel Malpica Uribe, Maestro en
Ciencias y Rector de la
Universidad bajó del estrado para ser abrazado por los
rectores de Sinaloa, Zacatecas e Hidalgo y por los agregados culturales de
Alemania Democrática, Polonia y Cuba. Pasó a medio metro de Alfonso Vélez pero
no se ven; al golpe dado el refugio de la trinchera. En el micrófono Hipólito Martínez
hace alarde de la democracia universitaria, mientras que Luís Enrique Sánchez,
economista y consejero universitario intenta detener a la corriente humana que
abandona el recinto y decreta que por ahora esto no pasa a mayores.
Únicamente Vélez sale al descampado en el interrogatorio de los reporteros. Por
ahora no tiene más recursos que la declaración inflamatoria: calumnias,
discurso irresponsable, vergüenza para la Universidad. Y el
reto: “El Rector es un mentiroso y lo voy a demostrar”.
2.- Dos horas antes del acomodo de los personajes. Afuera en el recinto, la
pelotera de interesados en un video de la campaña cardenista en el televisor
que mostrará después la figura austera de Malpica. Dos hombres trajeados
exigen invitaciones. Quince minutos después, el tradicional portazo dejará en
su lugar el protocolo que intentan guardar las edecanes. Adentro impera la
democracia de una función de cine, se sienta el primero que llega y en dónde
encuentre. Así que la sillería que circunda el Barroco se llena de gente que
imagino maestro y estudiantes, acaso también intendentes. Sobre todos ellos,
las figuras coloniales en los cuadros, con impresión barroca de quién ha
soplado sin posibilidad de escape torturantes sesiones del Consejo Universitario.
3.- Cinco minutos antes de que llegue el rector, Rafael Zarate reparte lo que
sus autores de UPD bautizan como “contrainforme”. Con la chamarra anaranjada y
su bigote, viene por todo el pasillo recordando sus tiempos de volanteo estudiantil
en las calles. No hay camisetas en la
UAP, hay jalones, alianzas vueltas de la tortilla, Zárate
impugnará tres veces a Malpica: que por qué no pagó el 100 por ciento de los
salarios caídos; que todavía hay pandilleros en la Universidad y que detrás
de Rectoría está la mano de Piña Olaya. Pero eso será después. Ahora reparte el
texto de la UPD.
4.- Francisco Salas es consejero universitario y estudiante de arquitectura. En
el informe quiere emular a los impugnadores cardenistas. Cuatro veces se
levantó de su asiento para interrumpir a Malpica: que no ha enfrentado a las
autoridades en la bronca de los camiones secuestrados.
A veces acarrea algunos aplausos, al final el abucheo. Pero al principio,
cuando el rector se sienta, Salas se levanta por primera vez, gana el estrado,
exclama algo que no escuchamos los del fondo y entregó a Malpica la versión del
Informe según la Unidad
Plural democrática. Terminado todo dirá que fue Samuel el que
rompió, el que se deslindó al no cumplir con el proyecto, nosotros mantenemos
nuestro espíritu crítico. Y se ira a saludar a Alfonso Vélez Pliego.
5.- El ex-rector
Vélez llegó tarde, en la democrática inexis-tencia de protocolo. Hipólito
Martínez pasaba lista a los consejeros, leía nombres de los físicos y biólogos,
de señores y señoritas, interrumpido de cuando en cuando para palomear algún
grito de presente. Nunca se supo si hubo quórum. Pero eso no le importa a Vélez
Pliego cuando recorrió el salón para sentarse a la izquierda, a pocos metros de
Malpica, a un lado de Isabel Ledezma, en el grupo que formaban Rafael Zárate,
Francisco Javier Muñoz (coordinador de Administración) y Guillermina Hernández
(coordinadora de la prepa Zapata y que al final pedirá a gritos la palabra al Secretario
General). El ex-rector ganó un punto con el aplauso general, Hipólito Martínez
tuvo que interrumpir la lectura. Después todo se descompondría en el rostro de
Vélez, a pesar de que tuvo en el planteamiento firmado por cerca de treinta
consejeros y leído por Isabel Ledezma, lo que puede ser el renacimiento formal
del velecismo. Pero tuvo que escuchar la andanada contra su administración y
que llegó a vincularlo directamente con el manejo turbio del presupuesto
universitario. Por eso uno se pregunta a qué fue al informe de Samuel Malpica.
6.- El rector llegó a su informe como uno más. En el protocolo no hay
fanfarrias. Solo una consigna apagada de “se ve se siente Malpica está
presente”. Atrás de él Aroche, a pesar de los rumores de sus contradicciones y
de supuesta existencia de ruptura entre malpiquistas y arochistas en el grupo
de Rectoría. Malpica se sienta derecho, serio, incólume en gris más oscuro.
Pero es el momento del rector, él es el de la voz recia, que corre sobre las 53
páginas de su informe, urgido por esa doble línea en la que montó su versión de
lo que sucede en la UAP,
la del análisis y la del garrote.
Es un público extraño el que lo escucha. Por lo menos nada
tiene que ver con el que el día 15 se sentó en las mullidas butacas del
auditorio de la Reforma
tibio y uniforme. Este público no aplaude ni siquiera cuando Malpica reseña los
múltiples avances de la investigación universitaria. ¿Será que ya lo ha oído
antes? Pero tampoco lo hace cuando se refiere al Plan General de Desarrollo
Académico --habrá que ponerlo con mayúsculas--, ni cuando desgrana capítulo por
capítulo los desastres que dice dejó de herencia la administración pasada, pone
a Bautista en la picota, pero no pide para nada una sesión del Consejo para su
destitución. A ratos el público aplaude, finalmente; cuando responde al UPD
Salas, cuando anuncia la creación de una Contraloría. Sin embargo, poco a poco,
en el doble discurso, a Malpica le gana la condena. En el ánimo queda perdido
la impecable caracterización del problema de las universidades públicas de
provincia, el ahogo de su penuria, la realidad del lenguaje conciliatorio entre
la universidad de izquierda y el gobierno estatal, la exigencia de mayor
subsidio, la búsqueda de alternativas para una mejor organización de los
trabajos académicos y administrativos, el rechazo a la existencia de
pandilleros y la denuncia concreta contra “Los Buitres” de Arturo Loyola. En el
ánimo quedó la vieja cuenta pendiente entre los universitarios de izquierda,
aquella que se lleva con el encono con el que se distancian dos hermanos.
6.-
Afuera, un consejero se retira intranquilo: firmó el planteamiento del Biólogo
Ismael Ledezma. “Se perdió la oportunidad de la concentración”, afirma.
Jueves 7 de septiembre de 1989.
A sus 69 años el ingeniero Rivera Terrazas tuvo “un sueño”: regresó a la
universidad que imaginó en aquellos sufridos y anticomunistas años sesenta,
“una universidad académica, una universidad donde se enseñara bien, donde las
carreras fueran profesionales, donde los maestros fueran capaces y donde se
desarrollara la investigación científica”. Pero en su ilusión se cruzó la idea
de democracia, aquel concepto que los universitarios de entonces introdujeron
para modificar la estructura orgánica de la UAP y acabar con aquellos hombres “autoritarios
del avilacamachismo” que dominaban la institución. De lo que pasó en esos 25
años de su sueño queda una imagen borrosa que lo llevará a decir que al
fenómeno “no le puede dar una explicación racional”. A él, como a la ciudad, se
le vinieron encima las masas. Por eso el Recuento que le
hizo a brincos Florencia Correas por sus años universitarios, acaban por
dejarlo desarmado en ese páramo terrible de la contradicción que da la vida a
todos los políticos. Obstinadamente el ingeniero se aferra y conjuga la
democracia al tiempo que deshace paso a paso –al imaginar una universidad
ilusoria- la obra de esos poblanos de izquierda que sobre sus mil divisiones
llevan ya 17 años en el poder de la
Autónoma de Puebla.
Porque de su recuento, luego de una narración de esos años de epopeya
–finalmente suya, válida en ese sentido, aunque jale agua siempre para su
molino-, se desprende un rosario de lo que quiso ser y no fue, para acabar por
delinear una universidad que no está lejos de los bosquejos que se hacen muchos
modernizadores. Ayer, mientras hablaban tres universitarios –Altieri Megale,
Pedro Hugo Hernández y Ricardo Moreno Botello-, y el alcalde Pacheco Pulido
atestiguaba el apremio con el que subrayaron las críticas del ingeniero, uno
repasaba esa UAP que brota del Recuento: su duda –y su cruz- sobre la
democracia imposible en los niveles académicos; sus invectivas y mandatos “al demonio”
a un sindicato que paraliza a la institución, su furia contra la mediocridad en
las escuelas y sus centros de investigación; su mea culpa –además de
la imposibilidad de un “sindicato de nuevo tipo” –en torno a la elección por
voto secreto y directo de todos los universitarios que subordinan los problemas
académicos a la decisión de una mayoría estudiantil; la lucha por un subsidio
sin calidad académica. En fin, un repaso de acontecimientos acumulados en los
últimos quince años en lo que jugó un papel fundamental –hay quien lo recuerda
respondiendo a los reporteros de DF en una visita de López Portillo, sobre los
riesgos de una masificación de la universidad que simplemente generaría
desempleados, con el argumento de “es un problema del Estado si se exacerban
las contradicciones, yo ahora estoy resolviendo un problema inmediato”-, pero
que en actitud a pesar de toda crítica lo llevan a plantear la necesidad de
revisar el concepto mítico de universidad democrática, crítica y popular. A qué
le sonaran a él las ideas de dos universitarios, uno de ellos ex-rector, el
otro ese vencedor del ICUAP respetuoso –y aturdido por el paquete de una
modernidad que no espera-, entrevistados al final del acto en la Casa de la Cultura. Dijo el
doctor Lara y Parra: “Se requieren medidas urgentes. Hay que acabar con el
academismo. Y el factor estudiantil debe ser seleccionado, genética y
sociológicamente no tenemos la misma capacidad. Por eso necesitamos de una
selección honrada, digna, pero que asegure un verdadero aprovechamiento
estudiantil”.Mucho más amplio, pero igualmente conciso, dijo Juvencio Monroy,
coordinador de la creación de Rivera Terrazas más aplaudida por el ingeniero: “La UAP ya no puede sostener como
dogma el concepto de democrática, crítica y popular. No digo que deba
suprimirse, pero sí revisarse a fondo. En la práctica se han tomado decisiones
que la afectaban profundamente. Por ejemplo, es absurdo que para la elección
del rector participen estudiantes recién egresados de secundaria. Y su carácter
popular ¿cumple con su función social realmente con el hecho de dar entrada a
todo mundo? Creo que para enfrentar esto habría que condicionar la permanencia,
exigir cuadros de compatibilidad de materias, si se reprueba no se puede seguir
adelante, y que se ponga un número razonable de semestres dentro de la
universidad. La permanencia debe ganarse. ¿Pero cómo puede exigirse al
estudiante si no hay para libros y los laboratorios no funcionan por falta de
materiales? Por eso creo que la universidad debe cobrar una inscripción a los
estudiantes. Un ejemplo, si los 7,500 alumnos de Físico-Matemáticas pagaran 10
mil pesos por semestre, podría contar con más de 65 millones de pesos que nunca
ha tenido en su vida esa escuela, habría para libros y reactivos y los maestros
podrían trabajar más allá del esquema pizarrón papel. Cobrar sin ser gravosos,
y con una descentralización y un control administrativo rígido por las propias
escuelas, estás mejorarían sustantivamente. Nosotros en Posgrado ya cobramos
entre 350 mil y 500 mil pesos, es un hecho. Si este problema no se ha abordado
es por la falta de una sincera preocupación de los universitarios”.
Tal vez suena a eso que el ingeniero puso en boca de un profesor hipotético
vilipendiado por las masas: “Señores, la única forma de lograr nuestros
objetivos es la de reflexionar sobre nuestro funcionamiento, revisar el tipo de
profesores que tenemos, el tipo de administradores que tenemos. Y recordar que
la única arma de lucha que tenemos para conseguir subsidios es nuestra
superación académica.” Y Malpica libra
la destitución
Miércoles 18
de octubre de 1989
1.- A las seis de la tarde Samuel Malpica ha convertido la Rectoría en cuartel
general de la guerra declarada media hora antes. Huestes estudiantiles rodean
el escritorio, se pasan volantes y panfletos, gritan Malpica, Malpica y miran
al maestro en ciencias hurgar en su portafolio y en sus cajones en busca de lo
que presentará a la prensa como “pruebas de la corrupción de los velecistas”.
“No las di a conocer por buscar conciliación, -dice-, pero ahora van a ver.”
“Mañana vamos a demostrar quién tiene a los universitarios”, dice antes de ir a
la conferencia de prensa, y esboza su plan de batalla que involucra “una
manifestación para mañana y consultas en las escuelas”. Está encendido, se ve
que viene de abandonar el Consejo Universitario entre gritos de “fuera Malpica,
fuera Malpica” en esa irritante, ardorosa y una vez más irreconciliable sesión
del órgano de gobierno de los universitarios. A las seis de la tarde Samuel
Malpica mira su oficina desbordada por sus seguidores. No se rio en todo el día
y se enojó muchas veces y cada que pudo recordó a todo el mundo que a él lo
eligieron 24 mil universitarios. “Los vamos a aislar –dice-, los vamos a
derrotar”. Luego dirá que si puede los expulsará, “como en 1976 lo hicimos
contra los golpistas”. Ahora, tras, sobrevivir su destitución por el Consejo Universitario,
está en guerra.
2.- Afuera, en uno de los pasillos del Carolino, en ese tono pardo de
catacumba, dos grupos de la
Prepa Calderón miden sus fuerzas: con un campo libre de tres
metros, se mientan la madre, se gritan “fuera porros de la UAP” y viven una escaramuza de
su propia batalla. Morenos, proletarios, chavos y chavas no dan ninguna muestra
de acarreo; más allá de los pleitos de los grupos políticos, ellos libran su
bronca. Tendrán cinco años en 1976; apenas si habían nacido en 1973. A esta hora en que se
velan armas uno piensa en que las fuerzas que se diputan el poder levantan su
discurso en estos jóvenes, “la base”, ese amplio espacio aderezado de inefable
democracia sobre el que ha justificado su existencia esta universidad de
izquierda y por la que Malpica clama contra “el golpismo de un grupito de
consejeros del Consejo Universitario”.
3.- A las siete se termina el día en la Plaza de la Democracia. La
penumbra se lleva las conversaciones en la explanada. Las fuerzas están en sus
cuarteles. Malpica se quedó arriba, imaginando “la movilización de los cien mil
estudiantes”. En la Casa
Presno se reúnen sus enemigos.