Por; Jesús Hoyos Hernández//Nacional//Análisis//Política//Opinión//Revolucoónmexicana//
El Maximato
EL JEFE MÁXIMO: EL HOMBRE QUE
SOMETIÓ A MÉXICO DESDE LAS SOMBRAS
Hablar
de Plutarco Elías Calles es hablar del arquitecto del sistema político moderno
en México… pero también del inicio de un régimen donde el poder dejó de ser
presidencial para convertirse en una maquinaria controlada desde las sombras. Nacido
en Sonora en 1877, Calles no provenía de la élite tradicional. Su origen fue
duro: maestro rural, comerciante, incluso cantinero. Sin embargo, encontró en
la política revolucionaria el camino para escalar. Se alineó con el
constitucionalismo y rápidamente se convirtió en uno de los hombres de
confianza del grupo sonorense que dominaría el país tras la Revolución. Su
llegada a la presidencia en 1924 no fue casualidad, sino resultado del poder
acumulado por su mentor, Álvaro Obregón. Pero a diferencia de otros, Calles no
solo quería gobernar… quería reorganizar el país a su manera. Su gobierno
estuvo marcado por una política anticlerical radical que desató uno de los conflictos
más sangrientos del México posrevolucionario: la Guerra Cristera.
Iglesias cerradas, sacerdotes perseguidos y miles de muertos marcaron una
guerra que evidenció el choque entre el Estado revolucionario y una sociedad
profundamente católica. Pero el verdadero movimiento estratégico de Calles vino
después. Tras el asesinato de Obregón en 1928, México entró en una crisis
política. Y ahí apareció Calles como el titiritero del poder. Sin ocupar
formalmente la presidencia, se autoproclamó el “Jefe Máximo de la Revolución ”,
inaugurando el periodo conocido como el Maximato. Durante esos años
(1928-1934), tres presidentes —Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y
Abelardo L. Rodríguez— gobernaron el país… pero bajo la sombra de Calles. Las
decisiones clave no se tomaban en Palacio Nacional, sino en la oficina del
verdadero poder: él. En 1929, Calles dio el paso definitivo para
institucionalizar ese control: fundó el Partido Nacional Revolucionario, el
embrión de lo que después sería el Partido Revolucionario Institucional. Con
ello, México dejó atrás los caudillos armados… pero dio paso a un sistema de
partido hegemónico que dominaría por más de 70 años. Paradójicamente, el hombre
que construyó ese sistema también fue víctima de él. Cuando Lázaro Cárdenas
llegó al poder, muchos pensaron que sería otro subordinado. Se equivocaron. En
1936, Cárdenas rompió con Calles, lo expulsó del país y desmanteló su red de
influencia, poniendo fin al Maximato. Calles murió en 1945, lejos del poder que
alguna vez controló con puño firme.
Su
legado sigue dividiendo opiniones:
¿Fue
el hombre que dio estabilidad a México tras la Revolución ?
¿O
el fundador de un sistema autoritario disfrazado de institucionalidad?
En
la historia oficial, Calles es el “constructor de instituciones”.
En
la historia crítica… es el primer gran operador del poder en las sombras.
Y
quizá ahí radica su verdadero legado: enseñarle a México que el poder no
siempre se ejerce desde la silla presidencial… sino desde quien decide quién se
sienta en ella.
EL JEFE MÁXIMO: EL HOMBRE QUE
SOMETIÓ A MÉXICO DESDE LAS SOMBRAS
Hablar
de Plutarco Elías Calles es hablar del arquitecto del sistema político moderno
en México… pero también del inicio de un régimen donde el poder dejó de ser
presidencial para convertirse en una maquinaria controlada desde las sombras. Nacido
en Sonora en 1877, Calles no provenía de la élite tradicional. Su origen fue
duro: maestro rural, comerciante, incluso cantinero. Sin embargo, encontró en
la política revolucionaria el camino para escalar. Se alineó con el
constitucionalismo y rápidamente se convirtió en uno de los hombres de
confianza del grupo sonorense que dominaría el país tras
Su
legado sigue dividiendo opiniones:
¿Fue
el hombre que dio estabilidad a México tras
¿O
el fundador de un sistema autoritario disfrazado de institucionalidad?
En
la historia oficial, Calles es el “constructor de instituciones”.
En
la historia crítica… es el primer gran operador del poder en las sombras.
Y
quizá ahí radica su verdadero legado: enseñarle a México que el poder no
siempre se ejerce desde la silla presidencial… sino desde quien decide quién se
sienta en ella.



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