El
18 de septiembre de 1930, inició transmisiones la estación de radio XEW, con
una potencia de 5 000 watts, con el lema que la ha identificado; "LA VOZ DE LA AMÉRICA LATINA
DESDE MÉXICO".
La
estación radiodifusora, XEW, pionera en la historia de la radio de México. El
jueves 18 de septiembre de 1930
a partir de la 8 de la noche inició sus transmisiones,
en la planta alta del cine Olimpia en la Ciudad de México, ubicado en la calle 16 de
septiembre, número 9. El propietario, fue el Sr. Emilio Azcárraga Vidaurreta,
quien inauguró la transmisión de la “XEW, la voz de América Latina desde
México”, que al paso del tiempo, fue el mejor espacio, para darse a conocer,
figuras nacionales e internacionales de la música, el arte, la política, el
deporte y otros. Ante la presencia del ministro de Educación Pública, señor
Aarón Sáenz, y cientos de invitados especiales. Se dejó escuchar, por primera
vez el peculiar sonido del xilófono modulando las notas musicales sol, si, re,
sol y la frase pronunciada por Leopoldo de Samaniego: “La voz de la
América Latina desde México”, formalizando las
transmisiones de la XEW.
La
ceremonia fue encabezada por Emilio Azcárraga Vidaurreta, fundador de la
estación. El Himno a la
Alegría de Ludwig van Beethoven, fue la primera pieza musical
que se interpretó, a manos de Miguel Lerdo de Tejada y la Orquesta Típica de
la Policía. El
programa fue conducido por el mismo Leopoldo Samaniego y contó con la presencia
de Juan Arvizu, Francisco Salinas, Josefina “La Chacha” Aguilar y Ofelia
Euroza, como invitados.
La XEW representó la primera programación con cobertura
nacional, abierta y pensada en la sensibilidad y forma de vida de los
mexicanos. Una nueva forma de hacer radio. Así lo describe María del Carmen
Olivares en su libro Un empresario ejemplar:
“En esa ‘escuela’ cuyo director era
don Emilio, se formaron, según se ha podido constatar, los mejores locutores
que ha tenido México, los mejores guionistas, los mejores programadores, los
mejores artistas, los mejores comentaristas, los mejores vendedores de tiempo y
espacio, los mejores directores artísticos, los mejores compositores, los
mejores arreglistas… en pocas palabras, esa ‘escuela’ dotó al país de
magníficos elementos especializados en los diferentes aspectos del espectáculo”
“Don Emilio escogía muy bien a su gente”,
cuenta Luís Cáceres en entrevista para el libro Vidas en el aire de Bertha
Zacatecas, “cuando alguien solicitaba
trabajo, él decía: ‘usted va a ser
operador: usted locutor’ y así.
Era un gran fisonomista. Él contrató a
todo su personal a puro ojo de buen cubero. Doña Amalita (Gómez Zepeda) y
yo somos los únicos testigos de esto que le estoy contando… Había un mozo, tres
locutores, tres telefonistas… La W era una cosa chiquita”.
Con
ese buen tino, don Emilio fue descubriendo y sumando a los hombres y mujeres
que serían verdaderos íconos de la radiodifusión mexicana. Una de las
estrategias de la XEW
fue privilegiar a la canción mexicana:
“Cuando encontró a Agustín Lara de
inmediato supo valorarlo como compositor”, cuenta María del Carmen Olivares, “la primera canción de Lara que
se grabó fue “Imposible” […]. También
tuvo relaciones profesionales con Tito
Guízar, el Dr. Ortiz Tirado, Ana María Fernández, Juan Arvizu y entre los
compositores que ayudó a forjarse y que posteriormente la W los inmortalizó se puede
mencionar a Miguel Lerdo de Tejada, Mario Talavera, Ricardo Palmerín, Alfonso Esparza, Tata Nacho (Ignacio
Fernández Esperón), Guty Cárdenas.
A todos ellos y muchos más los apoyaba para dar a conocer sus composiciones,
por una parte, grabándolas en discos con la intención de popularizarlas y por
otro lado abriendo teatros y cabarets para que ahí pudieran dar a conocer su
trabajo”.
La
emisora tuvo una programación de entretenimiento, en donde desfilaron figuras
como, Emilio Tuero, Juan Arvizu, Luis
Arcaraz, Nicolás Urcelay, José Mojica, Alfonso Ortiz Tirado, Tito Guízar, Los
Panchos, Maria Luisa Landín, María Victoria, Panzón Panseco, Los Cuates
Castilla, Mario Moreno Cantinflas, Germán Valdés "Tin Tán", Agustín
Lara, Toña la Negra,
Angelines Fernández, Angel Garasa, Carmen Rey, Pedro Infante, Jorge Negrete,
Pedro Vargas, José Alfredo Jiménez, Fernando Fernández "El Crooner de
México", Gustavo Adolfo Palma de Guatemala, Luis Aguilar, Eulalio González
"Piporro", Antonio Aguilar, Francisco Gabilondo Soler
"Cri-Cri", Viruta y Capulina, Javier Solís, Los Tres Ases, Los Tres
diamantes, Hugo Avendaño, Lucha Villa, Amparo Montes, Héctor Martínez Serrano,
Juan “El Gallo” Calderón, Paco Stanley así como otros artistas. Ha sido
dirigida por Jaime Almeida, Ricardo Rocha y Daniel Moreno, entre otros muchos más.
Los
primeros programas del Inolvidable CRI CRI EL GRILLITO CANTOR .
Sus
Radionovelas como CHUCHO ''EL ROTO'' , EL DERECHO DE NACER , KALIMÁN , PORFIRIO
CADENA. Programas irrepetibles como el de AGUSTÍN LARA, el del PANZÓN PANSECO ,
EL MONJE LOCO , EL MOMENTO ROMANTICO. Bueno hasta sus comerciales como el de
Jabón Palmolive deseándonos una feliz navidad , el de Los Chocolates Azteca.
Dos emisoras
En 1923 se instalaron formalmente dos radiodifusoras en la Ciudad de México.
Una de ellas logró sobrevivir, sigue siendo la más antigua de nuestro país y se dice que de Hispanoamérica (XEB antes CYB Estación del Buen Tono S.A. fundada el 23 de septiembre de aquél año).
Sobre el particular, Raúl Azcárraga en una entrevista con Felipe Gálvez explicó: “Antes que nada debo aclarar que no fue mía la idea de las radiodifusoras en México.
Fue uno de mis distribuidores de Sandal S. Hodges, coronel del ejército de los EUA… me dijo: No, en esto usted le mete la poesía, música, canciones, discursos y nadie le contesta. A usted lo oyen. Usted no tiene que oír a nadie… y me decidí a comprar una planta transmisora… con ella salí al aire, creando una de las primeras estaciones de radio en México… se llamó CYL”.
Desde luego la vocación comercial no paró ahí, a la gerencia de la cigarrera del Buen Tono S.A. encabezada por José J. Reynoso le externó el siguiente plan: “Le hice ver que si así lo hacía podría divulgar los productos de su fábrica y premiar a sus clientes con aparatos de radio de los que yo vendía. Le dije incluso que no estaría mal ofrecer un receptor de radio (costaban entre 25 y 100 pesos) como obsequio a cambio de dar a El Buen Tono S.A., un número determinado de cajetillas vacías de cigarros El Número 12”.
¿Qué música se tocaba en aquéllos primeros balbuceos de nuestra radiodifusión?
Dejemos que Emilio Azcárraga Vidaurreta la responda: “Cuando se inició la XEW, en México, no se tocaba música mexicana; nuestra gran música era tenida como cursi por los mismos mexicanos.
Se oían pasos dobles, chotices, danzones cubanos, pero rara vez música mexicana. “La Borrachita”, “La Chaparrita”, o “Las Mañanitas” sabían a cosa corriente. XEW vino a romper esos snobismos, estimulando a los compositores mexicanos, líricos o no, que empezaron a invadir el continente con música nuestra”.
En un amplísimo artículo sobre la “W” los cronistas de la cultura popular e investigadores musicales Jesús Flores y Escalante (q.e.p.d.) y Pablo Dueñas señalaron: “Se propició el asentamiento de los géneros vernáculos y regionales en la radio, en los cuales la agresión, el machismo y la picardía del mexicano se estableció una manera de manejar el albur y el doble sentido que se hicieron notar en canciones como “Tú ya no soplas, “Estás como rifle”, “Me importa madre”… Aunque haber programado con exceso música mexicana en la “W” (un 40% de la programación) provocó que en 1938, el gerente general de la estación, el señor Othon M. Vélez, hiciera hincapié en la mesura y en la difusión de estos temas que él catalogó “de pulquería”. Sin embargo la música ranchera se encumbró”.
En una polémica periodística que tuvo lugar en 1949 se acusó a la radio de ser la principal razón de la decadencia de la música mexicana.
Era habitual leer frases que enfatizaban la percepción de que la radio había terminado con la canción mexicana y señalaban a los radiodifusores como manipuladores de las preferencias musicales, haciendo uso de toda su maquinaria machacaban que lo programado era lo mejor de nuestra producción musical, afirmación no siempre cierta.
Una década después el historiador Carlos A. Echanove seguía por la misma línea: “La música transmitida por las radios mexicanas es, en general, de baja calidad. De muy baja calidad son también los anuncios comerciales, últimamente caracterizados por su musicalización en forma de fragmentos melódicos. Y de peor calidad son todavía ciertos procedimientos para encargar los pregones en una obra musical”.
Una de las primeras voces que surcaron los aires de la Ciudad de México fue la de Jorge Marrón mejor conocido como El Dr. IQ cuando los socios del Club Central de Radiotelefonía se reunieron en la primavera de 1923 para sintonizar estaciones de onda corta y pocos meses después se convertiría en el primer locutor comercial de la CYB (XEB). En ese memorable año, El Dr. IQ comenzaría una brillante carrera de locutor, aunque justo es decirlo, antes de acuñar este término se les llamó anunciadores o perifoneadores.
No siempre los locutores de épocas pasadas vivieron días de gloria y de respeto generalizado. Las cosas se deterioraron tanto que en su gestión el presidente Miguel Alemán externó su preocupación por los locutores mexicanos: “En estos últimos años, el público ha venido acusando la pobreza de cultura a nuestros locutores y pone en entredicho su personalidad, a tal grado que, demerita la calidad de la profesión”. En muchos casos, esa preocupación sigue vigente.
La cigarrera El Buen Tono, S.A. se fundó a finales del siglo XIX y fue de las pocas empresas que continuaron su bonanza después del porfiriato.
Su dueño -de origen francés-, el respetable Ernesto Pugibet conocía muy bien su negocio; su estancia en Cuba le permitió absorber todos los secretos de la producción y comercialización de tabacos que hacían de esta industria una de las más productivas en la bella isla; invertía en tecnología de punta y sus productos se distribuían en diferentes sectores de la población de acuerdo a su capacidad compra.
La relación con sus empleados era estrecha y de buen trato. A pesar de la muerte de su fundador (acaecida en 1915), El Buen Tono, S.A. logró mantenerse estable y financieramente sólida durante las siguientes décadas hasta que, en 1961, se fusionó por una empresa de mayores dimensiones.
La estrategia de publicidad de El Buen Tono S.A., fue audaz y permanente. Contaba con un departamento de imprenta que implementó una estrategia mercadotécnica que le permitió consolidarse en el gusto popular a través de historietas con muy buena aceptación.
Para 1923, la empresa dio un paso gigantesco al utilizar la incipiente radio como medio de venta para sus productos, convirtiéndola muy probablemente en la primera emisora con vocación comercial en nuestro país y no sólo eso, también en gran promotora de este nuevo medio de comunicación, pues gracias a ella, se regalaron un gran número de radio receptores a cambio de cajetillas de sus cigarros Elegantes número 12.
De la CYB a la XEB “La B grande de México”
La radio en los alegres veintes del siglo pasado vivió en México su época experimental. La CYB nacida en las festividades patrias de 1923 transmitía martes, jueves y sábados durante una hora o poco más por las noches. La programación musical que permeaba era sobre música clásica o semi-clásica (el repertorio de lo popular tenía poca cabida en aquellos primeros años).
Para 1929, cuando México recibe la designación internacional de las siglas XE para sus emisoras de radio, surge la XEB con 1000 watts de potencia en los 665 kilociclos y como identificación el sonido del cu-cu. Por cierto, en aquella primavera de la radio comercial en México, tan sólo había 19 emisoras autorizadas y se estima que eran apenas 26,000 radio receptores los que había en todo el país.
Con la llegada de 1930, inició el período de la profesionalización de la radio comercial y con él, su época de oro, la cual abarcó de 1935 a 1945.
Para 1933, la XEB se convierte en la estación más potente del cuadrante al contar con 10,000 watts de potencia desde los 1030 kilociclos.
Para mediados de esa década, la “W” responde aumentando varias veces su potencia dejando muy atrás a sus competidores pues llegó a transmitir con 250,000 watts (la potencia más alta autorizada por el gobierno).
Los dueños de ambas emisoras sabían que necesitaban dinero para hacer más dinero, por lo que la Estación del Buen Tono invirtió fuertes cantidades para ampliar sus instalaciones y estudios (recordemos que estuvieron en la calle de El Buen Tono N° 6 y en Av. Madero N° 20).
La limitada potencia de la XEB frente a la llamada Catedral de la radio en México, la mantenía en el segundo puesto. Por ello, sus directivos se dieron a la tarea de contratar un elenco formidable, el cual, es justo apuntar, se mantuvo fiel a la emisora por varios años: en los radioteatros tenía a la cabeza a Pura Córdova y Abraham Galán con su cuadro actoral “Eugenia Torres”; como orquestas destacaban Ernesto “El Pelón” Riestra, la orquesta “doble” de Roy Carter y la orquesta de Rafael de Paz; entre sus cancioneros más representativos se recuerdan con agrado las voces de Margarita Romero, Wello Rivas, Miguelito Valdés, Maruca Pérez, Carlitos de Nava, Néstor Mesta Chaires, Jaime Nolla Reyes, Los Hermanos Martínez Gil, Josefina “La Chacha” Aguilar, Alfonso Ortiz Tirado, Vicente Bergmann, David Lama, Ray y Laurita y Pedro Infante; Rafael Hernández “El Jibarito”, Jorge del Moral y Miguel Prado estrenaron sus más grandes éxitos en la frecuencia radiada de la XEB; en sus programas cómicos, Joaquín Pardavé, Arturo Manrique “El Panzón Panseco”, Cantinflas, Angel Garaza y Daniel “El Chino” Herrera, hacían las delicias del respetable.
En cuanto a locutores, podemos mencionar que contó en su elenco estelar con Enrique W. Curtis, Jorge Marrón (El Dr. IQ), Edmundo García, Joaquín Gamboa, Humberto G. Tamayo, Adrián Fournier y entre los cronistas deportivos destacaron las voces de Julio Sotelo Agustín González “Escopeta” y Óscar “El Rápido” Esquivel. Por cierto, el éxito de la estación y su consolidación en el gusto popular en aquella primera etapa, se debió en gran medida a la atinada dirección artística que en aquellos años estuvo a cargo de Alfonso Esparza Oteo, José J. Reynoso y Julián Morán, entre otros.
Tanto la XEB como Radio Mil (que apareció en escena en 1942), con una cartera muy gorda de billetes trataron de mantener una programación competitiva frente a las estaciones importantes de la familia Azcárraga, que además ya tenían la delantera en lo relativo a cadenas radiofónicas.
Se estima que en 1945 había un millón quinientos mil radio receptores en el país y que la programación era 80% musical y el resto se distribuía en noticieros, radionovelas y deportes principalmente, pero la pelea ya no estaba por el primer lugar, cuya preferencia estaba casi diez veces por encima de la “B”, sino por el segundo lugar que ya era ocupado por XEQ a mediados de los cuarentas.
Esta década fue muy difícil para la XEB. Aunque había anunciado transmitir con 100,000 watts de potencia, debido en gran parte a la Segunda Guerra Mundial, escasearon los suministros técnicos.
A pesar de esta circunstancia, logró mantener su señal pero con mucho menor potencia. Sin embargo, los tiempos más crudos no se hicieron esperar: corrió el rumor de que sería adquirida por una empresa americana.
No fue así, pero el elenco estelar que antes les mencionamos, pasó a integrarse más temprano que tarde a las filas de sus principales competidores. Y por increíble que parezca, la propia XEB sería absorbida por el emporio Azcárraga durante los años cincuenta.
Entre los programas memorables en la B Grande de México se pueden citar el primer programa patrocinado por la Sal de Uvas Picot en la radio mexicana, que llevó por nombre "Canciones Picot" y posteriormente fue conocido como todos lo recuerdan "El cancionero Picot"; también, se destaca "La Hora de los Aficionados", que sin lugar a dudas fue uno de los conceptos radiofónicos más exitosos de la radio (tenían concursos semestrales y la final la transmitía desde El Palacio Chino). Otro de los inolvidables programas de esta emisora fue "Té para dos", con la participación estelar de la orquesta de Ernesto "el Pelón" Riestra, el cual podía escucharse en punto de las 17:00 (esta emisión por cierto, rompió el número de telefonemas recibidos en la “B”).
Con la conducción de Joaquín Pardavé, sus "Pardaverías" se convirtieron en un deleite para los radioescuchas: en Al igual que el grueso de las estaciones comerciales, en la década de 1960, la XEB orientó su programación en la difusión de música comercial grabada (boleros, tropicales, rancheras y baladas) y en la transmisión de eventos deportivos.
En 1983 el gobierno federal creó el Instituto Mexicano de la Radio y desde entonces, La B grande de México funciona como la estación piloto de este importante complejo radiofónico.
No obstante los múltiples cambios que ha experimentado la XEB bajo la administración del gobierno federal y del IMER, gracias a la atinada dirección artística de los reconocidos investigadores musicales Jesús Flores y Escalante (Q.E.P.D.) y Pablo Dueñas, en su etapa actual, el acervo cultural y artístico de la época dorada de la radio en México tiene garantizado un espacio para el deleite de su vastísimo auditorio.
Y gracias a este generoso esfuerzo por regresarle a la radio su responsabilidad social y cultural, hoy más que nunca debemos reconocer que la “B” es como siempre “La B grande de México”.
"México ríe", patrocinado por la Lotería Nacional, Margarita Romero, Laurita Rey, Miguel Valdés, Ángel Garaza, la orquesta de Rafael de Paz y Pedro Infante, se encargaron de llenar de alegrías las noches de los radioescuchas.
Otros de sus programas estelares eran "Claro de luna" dedicados a la poesía, "Alma de México" y "El Club de la Alegría", sin olvidar todos sus programas deportivos (la B tuvo en exclusiva las transmisiones del fútbol por varios años).
Y en épocas más recientes, “Tardes románticas XEB” bajo la conducción de Jorge Kellog. Por cierto, el programa más longevo y desde luego emblemático en esta frecuencia es Serenata XEB vigente desde la década de los sesentas.
Al igual que el grueso de las estaciones comerciales, en la década de 1960, la XEB orientó su programación en la difusión de música comercial grabada (boleros, tropicales, rancheras y baladas) y en la transmisión de eventos deportivos.
En 1983 el gobierno federal creó el Instituto Mexicano de la Radio y desde entonces, La B grande de México funciona como la estación piloto de este importante complejo radiofónico.
No obstante los múltiples cambios que ha experimentado la XEB bajo la administración del gobierno federal y del IMER, gracias a la atinada dirección artística de los reconocidos investigadores musicales Jesús Flores y Escalante (Q.E.P.D.) y Pablo Dueñas, en su etapa actual, el acervo cultural y artístico de la época dorada de la radio en México tiene garantizado un espacio para el deleite de su vastísimo auditorio.
Y gracias a este generoso esfuerzo por regresarle a la radio su responsabilidad social y cultural, hoy más que nunca debemos reconocer que la “B” es como siempre “La B grande de México”.
XEW... LA VOZ DE LA AMÉRICA LATINA DESDE MÉXICO
Los primeros recuerdos que ligan a tan entrañable emisora son las amenas pláticas mi abuela materna, que solía contarnos en torno a la música y a los programas que constituyeron una delicia en su juventud.
Ella contaba que la “W” comenzó sus operaciones en la parte más alta del Cine Olimpia que se ubicaba en la Calle de 16 de Septiembre número 9, también había sido testigo de la construcción de este inmueble en 1919 cuando el cantante de ópera más importante de ese tiempo Enrico Caruso colocó la primera piedra durante su visita a nuestro país.
Nos platicaba que durante los felices años veinte la radio en México aún no se constituía como el fenómeno cultural en que años más tarde se convertiría.
El teatro de revista, las carpas, los cines y los salones de baile eran la mayor fuente de entretenimiento para un grupo importante de la población, aunque para otros tantos aplica lo que decía con genialidad Salvador “Chava” Flores: en el México de esos años había más pulquerías que escuelas, en serio ¡palabra!, por la sencilla razón de que había más borrachos que maestros… y si a eso agregamos que los maestros se sumaban a los borrachos…
Por otro parte, el país se recuperaba del ajetreo revolucionario de años atrás, el ánimo en la gente era determinante… continuar su vida en santa paz.
Para finales de 1932 los estudios y oficinas de la “W” ocuparían el número 52 de la calle de Ayuntamiento, aquel emblemático sitio que le sirviera de inspiración a Mr. Armonía Mario Ruiz Armengol para su bella composición La Calle de los Sueños. G
Gracias a la XEW la radio se vuelve parte de la cotidianidad en diversos sectores de la sociedad mexicana, las familias completas se colocaban cómodamente- o cómo se podía- alrededor de aquellos modernos aparatos que ocupaban algún sitio privilegiado en el hogar, cada miembro esperaba con asombro la facilidad con la que se construían mundos alternos a través de las palabras y los sonidos, muchos de esos sueños duraban tan solo 15 minutos.
Así un 15 de octubre de 1934 los niños escucharían en punto de las 13:15 por vez primera a Francisco Gabilondo Soler Cri-Cri el Grillito cantor, otros más disfrutaban la emisión moralina del Tío Polito con el Primer Declamador de América Manuel Bernal, para muchos el programa de complacencias con Raulito el Cartero del Aire, y los que reían con Ferruscilla representando a don Celso Boquerones en La Banda de Huipanguillo, y qué decir de La Hora de los Aficionados con don Lencho y su amenazadora campana (al tenor Nicolas Urcelay le sonó el campanazo) los que esperaban atentos al inolvidable Panzón Panseco y todo su cuadro de actores en la serie Diario corazón de un hombre, bueno para no parar de reír estaba el Risámetro, para cantar música muy nuestra estaba Así es mi tierra, para lagrimear y estar en suspenso tanto los escritores, actores y el personal de efectos convirtieron a los radioteatros y radionovelas en toda una institución Anita de Montemar, El derecho de nacer, Chucho El Roto, La Sombra , Apague la luz y escuche, El Monje loco eran platillos aparte, pero como olvidar al famosísimo Cancionero Picot en el que sus personajes Chema y Juana daban rienda suelta a su mexicanidad.
Las crónicas deportivas en voces de Sordo Noriega, el Mago Septién, Paco Malgesto, quedarán para el recuerdo. Dos de los programas que se destacan en la memoria de muchos son La Hora Azul que conducía Pedro de Lille en el cual daba lectura a las cartas o reportes telefónicos de su auditorio -princesitas azules- para que de inmediato se escucharan las voces de los cancioneros de moda, este programa se convirtió en la vitrina de muchos intérpretes entre ellos Jaime Nolla Reyes El tenor de la Hora Azul, Luis G. Roldan El cancionero romántico, Emilio Tuero El barítono de Árgel o las orquestas de Gonzalo Curiel y Juaan Garcia Esquivel. De este programa Agustin Lara -auto proclamado como emocionalmente cursi- diría años después en tono amable “era el monumento más grande a todo lo cursi que se ha inventado…pero como lo oían”.
Un poco más avanzada la noche las notas musicales de La Hora Íntima de Agusstin Lara se convertían en vibración de sonatina pasional, sobre este programa el vate Ricardo Lopez Mendez (locutor muchos años de esta emisión) le platicó al escritor y compositor Javier Ruiz Rueda lo siguiente: “En aquella época nadie había definido los verdaderos caminos de la radiodifusión, Don Emilio Azcarraga le tenía enorme fe. El señor Enrique Contel estaba enamorado de lo que era la radiodifusión.
Ambos con ideas personales e inspiradas de lo que habían visto y escudriñado en países extranjeros con más experiencia, y desde luego con la ilusión de hacer algo nuevo en el país. Y se pensó en un programa en el que el compositor se entregara a su piano y se comunicara con el radiooyente. El público se empezó a dar cuenta de que Lara estaba solo frente al micrófono hablándole a su público.
Pero él no se decidía a hablar, sino que cantaba, mejor dicho ladraba -según su propia expresión-, lo que la gente aceptó pronto pues ha sido el mejor diseur de sus canciones, con una emotividad y un sentimiento que nadie se lo podrá igualar. Ese fue el origen de la Hora Íntima”.
El maestro Juan S. Garrido señaló en su libro Historia de la Música Popular en México lo siguiente: “Los compositores se beneficiaron con la difusión de sus obras, y se convirtieron en factor importantísimo e indispensable en la continuidad de este prodigioso medio de divulgación. Además encontraron en Azcárraga a un fervoroso admirador de la música nacional.
La inauguración de XEW vino a enaltecer en forma directa la función del compositor mexicano y esto trajo lógicamente mayor demanda por la música de autores nacionales, quienes se esmeraron en producir más y mejores canciones, aunque esto no les procurase por el momento resultados económicos a la altura de sus esfuerzos”.
Es muy conocido que muchos compositores e intérpretes nacieron artísticamente en otras radiodifusoras dada la saturación de los espacios al aire, pero con una meta impostergable…estar en la “W”.
Sin duda alguna, el lugar común de los recuerdos tanto de los que escucharon la “W” como de los que han escrito o comentado en torno a ella, se establece principalmente en sus tres primeras décadas de operación, para los años cincuenta la XEW se convertiría en “imagen” que el emporio de la familia Azcárraga establecería como su prioridad al fundar Televicentro.
Pero ¿cómo andaba eso que llaman raiting? En el libro Las Mil y Una Radios de Gabriel Sosa y Alberto Esquivel se publica un gráfica con los datos-realmente abrumadores- de una encuesta realizada por la OCAIA entre diciembre 27 de 1943 y enero 30 de 1944 con respecto a la popularidad de las estaciones de radio en la capital: XEW 72.1%, XEB 7.1%, XEOY 6.6%, XEQ 5.8%, Otras 8.2%.
Bueno, un apunte más sobre las rebanadas del pastel, Emilio Azcárraga Vidaurreta tuvo el control del 35 % de las acciones de XEOY Radio Mil entre 1945 y 1950, la XEB pasó a formar parte de sus empresas durante diez años, situación que dio comienzo en 1957.
Lo más cercano que estuvimos de la historia de XEW fue a través de los programas de radio que el investigador, locutor y escritor Hector Madera Ferron realizaría a partir del 50 aniversario de la emisora, se adueñaba de la noche para llevarnos por un viaje de nostalgia pura, el acervo de entrevistas y programas especiales son auténticos testimonios de nuestra historia musical, hoy gracias a la Fonoteca Nacional se pueden consultar muchos de ellos.
Qué decir del programa de televisión Nostalgia bajo la conducción de Jorge Saldaña y sus incontables invitados Alfredo Ruiz del Río (toda una institución de la comunicación), Esmeralda, marilu, Jorge Macias, Fernando Fernandez por mencionar algunos.
Quien se acuerda del Estudio Azul y Plata y como lucía en sus años de gloria, con motivo de la celebraciones por Un Siglo de Lara en la que disfrutamos de la actuación de Ampao Montes, Carmela y Rafael y el platicar en los pasillos llenos de historia con Jesus Elizarrarás compositor de Tierra de mis amores, todo un creador de conceptos para radio y televisión.
A finales de los años noventa el locutor Manel de la Vega de muy amplia cultura llevaba magistralmente la emisión El Estudio Azul y Plata en el que nos invitaba a un viaje por la llamada Cripta W.
En el año 2004 conocimos las modernas instalaciones ubicadas en su nueva casa en Tlalpan 3000.
Por igual existió la otrora famosa XEQ nacida en octubre de 1938 para darle cabida a la gran demanda de actores, cantantes y locutores que una vez probado su éxito pasarían a la "W".
Como bien dicen algunos con la “W” comenzó todo y si no por lo menos mucho, quizá porque su capacidad comercial no encontró precedente alguno, el cine sonoro transitó su época de oro junto a ella compartiendo personajes e historias en común, la industria editorial tenía mucha tinta que escribir de los artistas y canciones que desfilaban por sus micrófonos, la industria fonográfica en nuestro país vivía sus mejores años por aquellos elencos que logró conformar, las grandes compañías publicitarias encontraron un vehículo novedoso y efectivo para crear infinidad de enredos aspiracionales a una sociedad enteramente dispuesta a escuchar las emisiones bajo su patrocinio.
En fin, por su antena han viajado de muchas maneras la idiosincrasia y el alma musical de nuestro país.
Es muy romántica la idea de que en la época de oro de la radio (1935-1945) era cosa común que hubiera notables instalaciones radiofónicas, con grandes teatro-estudios, un bullicio permanente de artistas o un ejército de empleados.
Sin embargo, ¿cuál era la realidad de algunas radiodifusoras comerciales?
El locutor Joaquín Gamboa en sus memorias recuerda un pasaje de 1937: “En la BZ (XEBZ) como en la mayoría de las pequeñas difusoras, el locutor lo era todo y hacía de todo: anunciaba, programaba, hacía las veces de publicista, operador, telefonista y si hacía falta, de carpintero y hasta de barrendero. Y lo más curioso es que hacíamos todo aquello con el mayor de los gustos, sin desdoro para nuestra vanidad. Considerábamos a la Estación como algo nuestro a la que debíamos todo nuestro cuidado y cariño”.
En esta misma estación que transmitía con tan sólo 100 watts de potencia se escuchaba en aquel año un programa llamado “La Hora Americana” ofreciendo los últimos éxitos en los Estados Unidos de América (el titular de esa emisión y el encargado de traer los discos era ni más ni menos que el recordado locutor Ken Smith).
Como podemos darnos cuenta, no es correcta la idea que con Radio 6.20 comenzó la programación basada en el Hit Parade de los Estados Unidos aunque es justo decirlo, a esta legendaria estación se le asocia con este género musical hasta la fecha.
El primer presidente que habló por radio fue Álvaro Obregón al inaugurar la Feria Radio Eléctrica de Minería. Ante tal emoción, Raúl Azcárraga mando crear un refresco embotellado llamado “Radio”, mientras tanto la estación de El Buen Tono S.A. hizo lo propio al elaborar cajetillas de cigarrillos marca “Radio”.
Si hay algo que nos ha molestado siempre de escuchar radio es el fustigamiento de comerciales al que somos sometidos y en franca contradicción -casi imperdonable- hemos comprado y grabado decenas de ellos, pues ustedes sabrán entender lo difícil de resistirse a Chocolates Turín ricos de principio a fin…
Ya desde 1934 la gente se irritaba por lo saturado de comerciales en cada emisión de aquellos legendarios programas de 15 minutos. Por ello, Emilio Azcárraga tuvo que comunicarle a sus patrocinadores que sólo podrían transmitir un comercial después de cada dos canciones y después de un minuto de haber iniciado el programa. Sobre todo hubo un tiempo en que los comerciales duraban y sonaban como canciones.
Uno de los primeros patrocinadores de aquellos felices años veinte fue Sanborns, mientras que la primera estación que impuso la modalidad de pagar a sus intérpretes fue la CYJ (General Electric).
Se dice que cuando Agustín Lara se presentó en 1929 en la Estación del Buen Tono S.A. ya con las siglas XEB junto a su descubridora y primera intérprete de rara belleza Maruca Pérez, el premio que recibieron fue una cajetilla de cigarros para el Flaco de Oro y una polvera para La Mocosita.
Si pensamos que hace pocos años fue una novedad gastar bromas subidas de tono detrás de un micrófono, basta con leer la siguiente anécdota contada por el locutor Roberto Aguilar a la periodista Bertha Zacatecas para su libro Vidas en el Aire.
Tuvo lugar en la XEX a finales de los cuarenta del siglo XX, motivada porque un comerciante negó su patrocinio pues decía que nadie escuchaba esa radioemisora: Simulamos que al estar leyendo yo una noticia un tanto amarillista, alguien entraba a cabina, me disparaba, rodaba mi cuerpo, se suspendía el programa y se creaba una atmósfera de confusión tremenda: música, sonidos, voces, hablaba el operador; una de actrices -Amparo Garrido-lloraba y gritaba “Mataron a don Roberto”.
Cuando el programa terminó, nos dimos cuenta de que habíamos llevado la broma demasiado lejos: llegó una ambulancia de la Cruz Roja para auxiliarme, el agente del Ministerio Público para levantar el acta… la calle de Córdova donde estaba la XEX, había sido cerrada al tránsito, por la cantidad de gente que se había reunido, aquello fue un escándalo.
Al día siguiente Excélsior denunció el hecho: lo calificó de una broma de muy mal gusto.
Ya nos estaban corriendo, pero como demostramos que la estación sí se escuchaba, nos perdonaron la vida”.
Ayer como hoy, su majestad el rating, ante todo.
Por nuestra parte, si bien hemos disminuido el tiempo que dedicamos a escuchar radio, nos volvimos más selectivos en el contenido.
En cierta manera, por la veracidad de aquella reflexión del poeta Bertold Brech sobre este medio de comunicación:
“Un hombre que tiene algo que decir y no encuentra oyentes, está en una mala situación. Pero todavía están peor los oyentes que no encuentran quien tenga algo que decirles”.
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