Para algunos autores el despojo comenzo desde que la peste llego America con los españoles, o desde que los españoles llegaron a México como la peste, por mas de 500 años de exclavitud y saqueo, posterior mente en la colonia, con las haciendas, despues durante el porfiriato, 2 el peor despojo y aniquilamiento de los dueños de las tierras, de comunidades enteras y los gobiernos entregistas neoliberales que nos han tocado, pero según
dice Molina Enríquez, que es hombre de tendencias socialistas, había más o
menos unas seis mil haciendas y ranchos en México en 1856, cuando Ignacio Comonfort subió a la presidencia. De dichas haciendas, alrededor de 300
eran propiedad de la Iglesia,
es decir, de la diócesis, de las parroquias, de los conventos, etc. y
consistían, como se ha dicho, el patrimonio de las obras educativas y
caritativas que la iglesia tenía entre manos en una forma o en otra.
Como,
por otra parte, y de ordinario, las finanzas del Gobierno se hallaban en
situación deplorable , Miguel Lerdo deTejada(hermano de Sebastián), Secretario de Hacienda en el gabinete de Comonfort,
creyó haber descubierto la fórmula de magia que había de resolver la angustiosa
situación económica del gobierno y todos los problemas sociales del país,
consistente en liquidar las trescientas haciendas pertenecientes a la Iglesia, en lo que
estuvieron muy de acuerdo los 5,700 acaudalados hacendados restantes.
Lerdo
promulgó, pues, la ley que lleva su nombre, el 25 de junio de 1856. Pudo
comprobarse bien pronto que de allí sólo se obtuvo un fracaso, porque, mientras
los ricos hacendados se hicieron todavía más ricos, con la compra de dichos
bienes, la Iglesia,
despojada de los patrimonios con que sus diversas instituciones podían socorrer
a los pobres, quedó imposibilitada de seguir haciéndolo en adelante.
Los
efectos sociales fueron en México tan desastrosos como lo habían sido en
Inglaterra, país en donde la disolución de los monasterios y la confiscación de
sus tierras, en tiempo de Enrique VIII, y de las que pertenecían a los gremios,
junto con la progresiva delimitación de las tierras comunales, obligó a la población
rural a buscar refugio en las ciudades y contribuyó al arraigo del pauperismo
como producto nacional. Lo mismo en México que en Inglaterra, los ricos se
enriquecieron más, los pobres se empobrecieron en la misma medida, y los
mestizos solamente obtuvieron una fracción de las tierras confiscadas.
Eso
no fue todo, sin embargo; porque aunque Lerdo de Tejada había querido dar a su
ley el aspecto de medida económica, su redacción contenía términos tan amplios
e imprecisos, que venía a despojar a todas las instituciones y sociedades de la
facultad de poseer perpetuamente bienes raíces, y olvidaba, que los
Ayuntamientos y los pueblos de indios también poseían bienes a perpetuidad.
Al
darse cuenta Comonfort de esta falla, publicó una circular explicativa, con
fecha 9 de octubre de 1856; pero ya no consiguió enmendar todo el daño causado
por la ley Lerdo, porque los indígenas indignados por el despojo de sus
tierras, empezaron a levantarse en armas.
—El
despojo de los indígenas— II.
Entonces
Lerdo de Tejada enmendó la enmienda explicando que sólo serían confiscadas las
tierras de la iglesia (que, por otra parte, ya habían sido compradas por los
grandes terratenientes particulares) y que las tierras de los pueblos serían
repartidas entre los habitantes de los pueblos respectivos. Sucedía, empero,
que las parcelas eran desiguales en tamaño y demasiado pequeñas para sostener
la vida de los indígenas sus dueños, a quienes no se daba ningún capital,
aparte de que deberían ser debidamente registradas y esta formalidad no la
comprendían los expropietarios . "Todos los pueblos obligados a dividirse,
perdieron sus tierras. . . No podía haberse procedido con más torpeza". El
resultado natural fue confusión y amargos resentimientos.
Entonces
nació una clase de "nuevos ricos" , debido a que antes había sido muy
difícil comprar una buena tierra, porque los grandes dueños no querían vender,
pero con la ley de Lerdo que sancionaba las "denuncias" cualquiera
podía "denunciar" y presentar una demanda sobre tierras ocupadas de
las que pudiera demostrarse que no existía el registro legal. Eso resultó ser
un gran bocado para los ricos sin escrúpulos, golosos de tierras, quienes así
podrían hacer a un lado a indios y mestizos. A esos los llama Molina Enríquez
NUEVOS CRIOLLOS, en cuyas venas ni siquiera corría siempre sangre española.
CONFISCACIÓN
DE LOS BIENES DE LA IGLESIA.
Juárez,
al llegarle el turno, hizo todo lo posible por completar la confiscación de los
bienes eclesiásticos tan estúpidamente iniciada por Lerdo de Tejada, y el 12 de
julio de 1859 promulgó su ley de la Nacionalización de los bienes del Clero, cuyo
artículo 1 establece que: toda propiedad que bajo diversos títulos haya sido
poseída o administrada por el clero secular o regular, de cualquier género que
sea dicha propiedad, inmueble, hipoteca sobre algún inmueble, dividendo o
capital, sea cual fuere el nombre que haya tenido, pasa a ser bien de la Nación.
El
despojo de los indígenas III.
Esta
ley, que fue concebida primeramente como penal, dió un resultado completo, y
desde ese día hasta el presente, salva cierta tolerancia y conveniencia en
tiempos del general Díaz, la iglesia ha quedado pobre, desposeída, arruinada y
sin recursos.
Como
ley social reformadora, que fue su segundo fin, la ley de Juárez resultó un
fracaso, y en palabras de Andrés Molina Enríquez, liberal y antieclesiástico
"Como medio de llegar al propósito de dar tierras a los mestizos y a los
nativos sus resultados fueron insignificantes".
Juárez
estaba tan empeñado en despojar y desposeer a la Iglesia, que no le
importaba lo que pasara con los bienes robados. Eso sí, sus amigos políticos
recogían el botín.
En
1870 se hizo público en San Luis Potosí un Manifiesto Agrario de protesta
contra la mala distribución de las tierras, pero como Juárez no le prestó
ninguna atención, estalló una rebelión de campesinos, que tampoco logró nada.
Molina
Enríquez prosigue: "Durante el
ministerio de Lerdo de Tejada la mayor parte de los bienes de la iglesia y los
latifundios agrarios especialmente habían pasado a extranjeros y criollos de
origen europeo, no español, y fueron el punto de partida de los Criollos nuevos.
Éstos llegaron a la vida social de la
Nación como clase de intereses, como nuevos latifundistas
ocupando el lugar que los mestizos en grandes masas deberían haber
ocupado".
Comonfort,
Lerdo y Juárez no lograron entender el grito que se levantaba de las masas de
los oprimidos, pobres y desheredados mestizos e indígenas. Comonfort y Lerdo
eran criollos y dueños de ricas haciendas; Juárez era indio zapoteca puro y
abogado, pero los tres eran políticos, y ninguno fue sociólogo, de donde
resultó que sus intentos híbridos de introducir reformas sociales sólo fueron
lastimosas monstruosidades.
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