El
iniciador de la revolución mexicana y símbolo de la democracia nacional, don
Francisco Ignacio Madero, recordado como un apóstol por su incesante labor en
la búsqueda de la presidencia de la republica al desplegar la primera de las
campañas electorales más grandes del país en esa época, al recorrer gran parte
del país en 5 grandes campañas, y juega por la presidencia de México contra el
presidente vitalicio don Porfirio Díaz, al no poder obtener la presidencia por
la vía democrática , llama a la sublevación popular con el lema de sufragio
efectivo, no reelección, iniciando a si la revolución mexicana. Después de unos
meses de combates en el norte y levantamientos en el sur del país principalmente,
logra la renuncia del presidente Díaz y luego de un breve interinato es electo
democrática y popularmente presidente de la republica con un 99% convirtiéndolo
a si en el presidente más legítimo que ha tenido México. Pero a pesar de esa
arrasadora victoria en las urnas, su gobierno carente de carácter se debilita
entre ataques de la prensa, rebeliones de revolucionarios (Zapata 1911 y
Orozco) y generales porfiristas (Reyes y Díaz en 1912), y cae finalmente
después de un golpe de estado envuelto en la más terrible conjura en la
embajada estadounidense, muriendo a si el presidente Madero en febrero de 1913,
pasando a si a formar parte del martirologio nacional como el apóstol de la
democracia.
El Asesinato
del presidente madero
22 de febrero, 1913
Eran las diez de la noche del 22 de febrero de 1913.
Madero y Pino Suárez acababan de apagar las luces y se disponían a dormir,
cuando entraron al cuarto el coronel Joaquin Chicarro y el mayor de rurales
Francisco Cárdenas, vestido de charro, con su imprescindible corbata roja al
cuello.
-Señores, levántense.
- ¿A donde vamos? - preguntó Madero, incorporándose
sorprendido.
- Los llevamos fuera... a la Penitenciaria -
repuso Cárdenas.
El general Felipe Ángeles, a quien se ordenó permanecer en
Palacio, abrazó emocionado a sus dos amigos. Hubo pocas palabras. Al salir se
agregaron al grupo el oficial de rurales Rafael Pimienta, el cabo segundo
Francisco Ugalde, el capitán Agustín Figueras y otros dos rurales mas.
A la puerta de Palacio les esperaban dos automóviles
negros. En uno de ellos fue introducido el señor Madero. Francisco Cárdenas se
acomodó junto a él y adelante se ubicaron los dos rurales.
El licenciado Pino Suárez subió en el otro automóvil. Iba
custodiado por el capitán Agustín Figueras y por el oficial de rurales Rafael
Pimienta.
Los dos automóviles partieron en medio de la noche rumbo a
la calle de Lecumberri, en la cual se hallaba la penitenciaria. Al llegar
frente a la puerta del penal, se detuvieron un momento, y como emprendieron de
nuevo la marcha, el señor Madero preguntó alarmado:
-¿A donde vamos?
-Vamos a entrar por atrás... - repuso Cárdenas.
-No hay puertas...- replicó Madero.
Pero calló al ver el entusiasmo despectivo de Cárdenas.
Los automóviles enfilaron por una calle angosta, empedrada, y totalmente
obscura, a cuya derecha se adivinaban entre las sombras los altos y lisos muros
de la penitenciaria.
Los automóviles se detuvieron, Francisco Cárdenas dijo a
Madero:
-Baje usted.
Y acompañó sus palabras con un empellón. Madero descendió
del vehículo. Apenas puso pie en tierra, el mayor Cárdenas le disparó, por
atrás, en la cabeza. La muerte fue instantánea.
Al mismo tiempo, en el otro automóvil, el señor licenciado
José María Pino Suárez, obligado a bajar del vehículo por el oficial de rurales
Rafael Pimienta, tropezaba y caía a tierra.
Pimienta le disparó un tiro, casi al mismo tiempo que se
oía a unos metros el estampido que segaba la vida del héroe de la Revolución. Ya
herido, Pino Suárez trató de correr gritando:
-¡Socorro, me asesinan!
El oficial de rurales, Rafael Pimienta, al oír el grito,
violentamente se dirigió hacia donde corría el señor Pino Suárez y con certera
puntería le dio un balazo. Esta vez, herido en la cabeza, el señor Pino Suárez
cayó al suelo, pero no muerto. Entonces se ordenó a los gendarmes hicieran una
descarga sobre el cuerpo yacente y Cárdenas le dio el tiro de gracia en la
cabeza.
Cárdenas regresó donde estaba tirado el cadáver del señor
Madero y disparó un nuevo tiro sobre la cabeza del infortunado ex presidente de
la República,
no obstante que desde el primer disparo había muerto.
Texto: vive la Revolución Mexicana
Francisco I. Madero, era apodado por sus enemigos (que en 1913
eran muchos) como el Presidente "Pingüica" o "el enano de
Tapanco" sobrenombres que hacían alusión a su estatura de 1.48 mts.
El fotógrafo Agustín Víctor Casasola,
Ernesto Hidalgo y Publio Treppiedi sostienen la ropa de Francisco I. Madero y
José María Pino Suárez, asesinados durante la noche del 22 de febrero de 1913