27 de julio de 1968. Se celebran
las primeras asambleas estudiantiles.
Los
estudiantes ocuparon las preparatorias 1, 2 y 3 de la UNAM, en protesta por la
represión y el encarcelamiento de sus compañeros. Se sumaron al paro la Escuela Wilfrido
Massieu, la Escuela
Superior de Ciencias Físico-Matemáticas y la Escuela de Agricultura de
Chapingo. La Escuela
Superior de Economía del IPN se declaró en paro y convocó a
los alumnos a una huelga general a partir del lunes 29. Las vocacionales 1, 2, 4, 5, 6 y 8, así como
varias escuelas superiores del IPN, se pronunciaron por un paro indefinido
hasta que se resolvieran las siguientes demandas: 1. Renuncia del jefe y
subjefe de la
Policía Preventiva del Distrito Federal, generales Luis Cueto
Ramírez y Raúl Mendiolea Cerecero; 2. Extinción del Cuerpo de Granaderos; 3.
Indemnización para las víctimas. En la Vocacional 5 se constituyó el Comité Coordinador
de Huelga del IPN y se acordó: 1) Lanzarse a la huelga general y no suspenderla
hasta que sean resueltas las demandas de desaparición del Cuerpo de Granaderos
y la renuncia del jefe y subjefe de la Policía Preventiva
del DF, generales Luis Cueto y Raúl Mendiolea. 2) Desconocer a la FNET como órgano
representativo de los estudiantes Politécnicos. 3) Formar comités de Lucha en
todas las escuelas técnicas. 4) Designar comisiones para discutir con
estudiantes universitarios, normalistas y chapingueros la integración de un
frente estudiantil. En las inmediaciones del barrio universitario en el Centro,
se hicieron barricadas y por la tarde se convocó a una asamblea en la Prepa 1, exigiendo la
liberación de los detenidos. Hacia las 9 de la noche, la policía cargó contra
ellos. El combate continuó con toma de camiones y cargas esporádicas de
granaderos. Hubo 43 detenidos y 16 consignados acusados de lesiones, secuestro,
robo, pandillerismo, daño en propiedad ajena, daño a la nación y ataque a las
vías generales de comunicación. Al día siguiente, la policía retiró las
barricadas y los estudiantes se atrincheraron en las escuelas. El Movimiento
Universitario de Renovadora Orientación (MURO) condenó “los hechos vandálicos
cometidos por sujetos escudados en los estudiantes para lograr su fines”, y
sostuvieron que el movimiento estudiantil había caído en manos de “agitadores
comunistas”.
Cueto
declaró: “Los agitadores crean zozobra para dañar la Olimpiada”, e hizo un
llamado a los padres de familia para que controlaran a sus hijos y así evitar enfrentarse
con que los muchachos fueran consignados penalmente. También invitó a los que
sufrieron daños físicos o en sus propiedades a que presentaran denuncias para
que se castigara a los responsables. El domingo 28, cerca de la una de la
mañana, los estudiantes que custodiaban la zona de San Ildefonso son agredidos
por un grupo de 200 personas, quienes fueron identificados como porros de la FNET. A mediodía, reunido
el Comité Coordinador de Huelga del IPN, en el auditorio Lenin de la Escuela Superior
de Economía (ESE), se celebró por vez primera una Asamblea con representantes
del IPN, UNAM, Normal Superior y Chapingo (nombrados por Asambleas de cada
escuela). Se elaboró un Pliego Petitorio y se discutió la Huelga General
hasta conseguir su cumplimiento. Estas fueron las demandas:
1)
Desaparición de la FNET,
de la "porra" universitaria y del MURO (Movimiento Universitario de
Renovadora Orientación, grupo de choque ligado al Yunque). 2) Expulsión de los
estudiantes de las citadas agrupaciones y del PRI. 3) Indemnización a los
estudiantes heridos. 4) Excarcelación de todos los estudiantes detenidos. 5)
Desaparición del Cuerpo de Granaderos. 6) Derogación del artículo 145 del
Código Penal, que sancionaba los delitos de "disolución social".
El
PCM negó que estuviera preparando una conjura para alterar el orden público y,
por el contrario, se dijo víctima de persecución.
Ante
el juez Eduardo Ferrer MacGregor, los detenidos por la gresca del viernes 26,
la mayor parte del Partido Comunista Mexicano, de las Juventudes Comunistas de
México y del Partido Estudiantil Progresista, declararon que los disturbios
habían sido provocados por estudiantes de las vocacionales 5 y 7 y no ellos,
como se les acusaba. 43 jóvenes fueron consignados a Lecumberri.
30 de julio de 1968. Efectivos del
Ejército intervienen por vez primera en el Movimiento Estudiantil.
El
enfrentamiento de la víspera entre policía y estudiantes se extendió durante
toda la noche y madrugada del 30 de Julio. El Centro de la Ciudad se volvió un campo
de batalla, los estudiantes en su repliegue colocaron muchas barricadas con
camiones; los granaderos fueron repelidos en numerosas ocasiones por la
resistencia que estos presentaron. A petición del regente de DF, Alfonso Corona
del Rosal, Luis Echeverría, secretario de Gobernación, llamó al presidente
Gustavo Díaz Ordaz y le describió el escenario, sosteniendo que el país estaba
al borde del desastre. Solicitó la intervención del Ejército, argumentando que
la policía preventiva era impotente para someter a los estudiantes, quienes
supuestamente amenazaban con asaltar las armerías del Centro. Díaz Ordaz dio
luz verde. En los primeros minutos del día, efectivos de la primera zona
militar al mando del general José Hernández Toledo (el mismo que reprimió las
protestas estudiantiles en Morelia dos años atrás, que aquí fue tomando
renombre, tanto que le valió estar al frente de los fusileros paracaidistas en
Tlatelolco), a bordo de jeeps equipados con bazucas y morteros, transportes y
tanques ligeros, avanzó desde el Campo Militar N°1 hacia al primer cuadro de la
ciudad. El Segundo Batallón de Infantería del Ejército, al mando del general
Crisóforo Mazón Pineda, también entró al primer cuadro por Santa María la Ribera. Los soldados
se abrieron paso entre las barricadas instaladas en las inmediaciones de San
Idelfonso. Los estudiantes estaban atrincherados en la Prepa 1, donde la
solidaridad entre estudiantes y vecinos era fuerte, y éstos les alertaron que
los soldados venían por ellos. Los estudiantes atrancaron la entrada al
inmueble y algunos escaparon por las azoteas de las casas del barrio
universitario. En la esquina de Seminario y Argentina 650 fusileros
paracaidistas se parapetaron frente al edificio de la preparatoria y emplazaron
una bazuca apuntando a la puerta. El ejército lanzó un ultimátum. Al no obtener
respuesta, de un bazucazo destruyeron la puerta colonial barroca de San
Ildefonso (labrada en el siglo XVIII y que había sobrevivido a las guerras de
lndependencia, Reforma y Revolución, y donde, cien años antes, el presidente
Benito Juárez había inaugurado la Escuela Nacional Preparatoria) y forzaron la
entrada, encontrando el mobiliario escolar amontonado en la entrada y volantes
en el suelo. Sobrevivientes contaron alrededor de ocho muertos, todos
estudiantes. El saldo fue de 400 lesionados, 1,000 detenidos y un número
indeterminado de muertos.
Hacia
la noche, los militares fabricaron la historia de que en San Ildefonso,
“aproximadamente 300 o 400 amotinados” recibieron a la tropa a balazos y que
tenían botes de ácido, gasolina, bombas molotov, amoníaco y “propaganda
comunista”. En un boletín de la Defensa Nacional, a cargo del general Marcelino
García Barragán, se informó que la intervención se hizo a petición del regente
del Distrito Federal y en apoyo de la policía: “Las tropas del Ejército
entraron en acción a las 0:50 horas del día de hoy para disolver a los grupos
en agitación que ya habían saqueado armerías y recurrido al uso del armamento
sustraído, así como al uso de bombas de tipo casero en contra de las fuerzas
policiacas”, se lee en el boletín oficial. En la madrugada también irrumpieron
en las preparatorias 2 y 3. Hubo cerca de 400 heridos y cientos de detenidos. Paralelamente, otros contingentes militares
avanzaron a la Vocacional
5, donde los estudiantes exigieron diálogo, y sólo obtuvieron cinco minutos
para desalojarla. En la
Vocacional 7, los estudiantes atrancaron y encadenaron
puertas y se atrincheraron, pero al ver la cantidad de vehículos militares
(tanquetas, sobre todo) corrieron a refugiarse en los edificios de la unidad.
La solidaridad de los vecinos fue inmediata. La policía también tomó la Prepa 5.
Después
de que las escuelas de la UNAM
y el Poli quedaron sin estudiantes, los planteles fueron resguardados por las
autoridades. Ante la situación, el rector Javier Barros Sierra y el titular de
Educación Pública, Agustín Yáñez, acordaron el cierre temporal de ambas
instituciones. Prueba de que el Estado mexicano avizoraba consecuencias de lo
acontecido en San Idelfonso, fue la conferencia de prensa, en plena madrugada
del día 30, del jefe del Departamento del Distrito Federal, Alfonso Coronal del
Rosal; del secretario de Gobernación, Luis Echeverría; del procurador general
de la República,
Julio Sánchez Vargas; y del procurador del Distrito y Territorios Federales,
Gilberto Suárez Torres, donde dieron su versión de los hechos y la intervención
del Ejército. La información dice que se actuó con la ley; que se agotaron
todos los recursos para solucionar el problema por la vía normal. Que intervino
el Ejército y volverá a hacerlo si se altera el orden. Fueron agitadores
comunistas los que iniciaron el conflicto. No hubo muertos, explicaron. Durante
esos primeros días hubo mas de 1000 estudiantes detenidos, unos 400 heridos y 4
asesinados. Durante los siguientes días la huelga estudiantil fue votada
masivamente en todas las escuelas del IPN, UNAM, la Universidad Autónoma
de Chapingo, algunas universidades privadas y de provincia, prácticamente una
huelga general de la educación media y superior. La UNAM y el IPN eran los
cuarteles de los inconformes, infiltrados en sus reuniones por agentes del
Servicio Secreto, la
Dirección Federal de Seguridad y de Inteligencia Militar,
como confirman documentos del Comité Organizador de la Olimpiada, disponibles
en el Archivo General de la
Nación (AGN). El miércoles 31, se celebró un mitin en CU,
ante unos 30 mil estudiantes, profesores, autoridades y empleados, el rector
Javier Barros Sierra se manifestó contra las agresiones y la ocupación de las
escuelas. Izó la bandera a media asta por la violación a la autonomía
universitaria. En su discurso dijo: “Hoy es un día de luto para la Universidad; la
autonomía está amenazada gravemente". Los militares se retiraron de las
preparatorias 4 y 5 y de la Voca
7. En conferencia de prensa, el Comité de Lucha del Politécnico pidió que el
director Guillermo Massieu tomara la postura de su homólogo de la UNAM y desconociera
públicamente a la FNET
como organización del movimiento estudiantil, debido a sus “múltiples
traiciones”. El Comité Politécnico aclaró que tenía el apoyo de la UNAM, Chapingo, la Normal de Maestros, las
normales rurales y convocaron a una marcha para el día siguiente.
El
jueves 1 de agosto, marcharon 80 mil personas de CU a Félix Cuevas, por Insurgentes.
Barros Sierra la encabezaba. En Guadalajara, el presidente Gustavo Díaz Ordaz
puntualizó: “No quiero decir que a nadie le han dolido más que a mí, porque
nunca he pretendido ser el primero en nada ni significarme frente a todos
quienes son mis iguales, pero estoy entre los mexicanos a quienes más les haya
herido y lacerado la pérdida transitoria de la tranquilidad en la capital de
nuestro país por algaradas en el fondo sin importancia. […] Una mano está
tendida: es la mano de un hombre que a través de la pequeña historia de su vida
ha demostrado que sabe ser leal. […]”
Los
estudiantes respondieron: “A la mano tendida, la prueba de la parafina.”
***
En
febrero de 1969, cuando se iniciaron los trabajos de reparación, la porción que
se rescató de aquella puerta dañada fue arrumbada en los almacenes de la Prepa 7, en La Viga. Ahí estuvo 46
años. En 2014 ese pedazo de puerta, en algunas partes con las huellas de
quemaduras, salió de la
Preparatoria 7.
Dos
maestros carpinteros, un profesor de filosofía y un trabajador de
mantenimiento, ambos de la Prepa
7 –este último además estudiante de la
Prepa 1, que estuvo en la noche del bazucazo–, fueron algunas
de las personas clave para que ahora, años después, aquella puerta colonial sea
una de las piezas en el Memorial del 68.
Antes,
el primero de octubre de 2009 la puerta barroca de la Preparatoria 1 fue
exhibida en el patio principal del plantel de La Viga, en homenaje a los
caídos del movimiento estudiantil.
Autor; Jesús Hoyos Hernández
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