Por; Jesús Hoyos Hernández//Nacional//Análisis//Política//Opinión//Historia mundial//
Alemania
inició la Segunda Guerra Mundial en 1939
La
Segunda Guerra Mundial (1939-1945) fue uno de los acontecimientos fundamentales
de la historia contemporánea tanto por sus consecuencias como por su alcance
universal. Las «potencias del Eje» (los regímenes fascistas de Alemania e
Italia, a los que se unió el militarista Imperio japonés) se enfrentaron en un
principio a los países democráticos «aliados» (Francia e Inglaterra), a los que
se sumaron tras la neutralidad inicial los Estados Unidos y, pese a las divergencias
ideológicas, la Unión Soviética; sin embargo, esta lista de los principales
contendientes omite multitud de países que acabarían incorporándose a uno u
otra bando.
Alemania inició la Segunda Guerra Mundial al
invadir Polonia el 1° de septiembre de 1939. En años posteriores, Alemania
invadió 11 países. La mayoría de los judíos europeos vivía en países
que la Alemania nazi ocupó, o sobre los que tuvo influencia durante la Segunda
Guerra Mundial. Entre 1941 y 1944, las autoridades de la Alemania nazi
deportaron a millones de judíos de Alemania, de los territorios ocupados y de
los países del Eje a guetos y a centros de exterminio. Los líderes nazis comenzaron a planificar la guerra
en Europa desde el día en que llegaron al poder a finales de enero de 1933. La
guerra y la política genocida terminarían estando enlazadas de manera
inexplicable
3 de febrero de 1938 - Hitler se autoproclama comandante supremo de las fuerzas
armadas alemanas
9 DE MAYO: LA HISTÓRICA VICTORIA SOVIÉTICA SOBRE EL FASCISMO
El 9 de mayo Rusia celebra la fiesta nacional del Día de la Victoria en la Gran Guerra Patria, un
capítulo crucial y decisivo de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), en el que el
pueblo soviético luchó contra los invasores nazis y sus aliados. La guerra
llamó a la puerta de la
Unión Soviética (URSS) la madrugada del 22 de junio de 1941,
cuando la Alemania
nazi invadió el territorio soviético rompiendo el Pacto de No Agresión firmado
dos años antes. En los siguientes meses se sumaron a las operaciones Rumanía,
Italia, Eslovaquia, Finlandia, Hungría y Noruega. La que había sido concebida por los alemanes como una ‘guerra relámpago’ se
convirtió en el mayor enfrentamiento armado de la historia de la humanidad y se
prolongó casi cuatro años. En el frente, que se extendía desde el mar de
Barents hasta el mar Negro, luchaban simultáneamente entre 8 y 13 millones de
soldados y operaban entre 6.000 y 20.000 tanques y cañones de asalto, entre
85.000 y 165.000 piezas de artillería y morteros y entre 7.000 y 19.000
aviones. El plan alemán de conquistar en pocos meses la URSS sufrió un rotundo fracaso debido a la feroz
resistencia soviética en ciudades como Leningrado (hoy San Petersburgo), Kiev,
Odesa, Sebastopol y Smolensk. El Ejército Rojo cambió el rumbo de la guerra al
derrotar a las tropas invasoras en las batallas de Moscú, Stalingrado (hoy
Volgogrado), Leningrado, el Cáucaso y Kursk, y luego en las operaciones
desarrolladas en Ucrania, Bielorrusia, Moldavia, Rumanía, Polonia y Alemania. Las
tropas alemanas y de sus aliados sufrieron en el Frente Oriental más de 8,6
millones de bajas y perdieron más del 75 por ciento de su material bélico. La
guerra terminó con la capitulación de Alemania. El Acta de rendición se firmó
en las afueras de Berlín el 8 de mayo de 1945 a las 22.43 horas locales (el 9 de mayo a
las 00.43 horas de Moscú). Precisamente por esta diferencia horaria es que el
fin de la Segunda
Guerra Mundial se celebra en Europa el 8 de mayo, mientras en
la URSS y luego
en Rusia el 9 de mayo. Aquel 9 de mayo, a las 21:00 horas de Moscú el entonces
líder de URSS, Iósif Stalin, pronunció un emotivo discurso, una hora después
1.000 cañones dispararon 30 salvas.
El 24 de junio de 1945 se celebró el primer desfile de la Victoria en la Plaza Roja de Moscú. En tiempos soviéticos, la emblemática plaza albergó también desfiles militares conmemorativos en 1965, 1985, 1990. A partir de 1995, los desfiles comenzaron a celebrarse anualmente sin tanques ni otro material de guerra. Sin embargo la tradición se reanudó en 2008. En 2005 antes del Día de la Victoria arrancó la campaña de la cinta de San Jorge que simboliza el recuerdo de la Victoria en la Segunda Guerra Mundial y la gloria militar.
La Historia la escribieron los pueblos, no los verdugos. Que el mundo no olvide jamás quiénes liberaron Europa de la barbarie. ¡Gloria eterna a los héroes del Ejército Rojo y a todos los que lucharon! Esta acción transcendió las fronteras de Rusia: en 2015 estableció un récord histórico al abarcar a 76 países. También se celebrará ese día la marcha del ‘Regimiento Inmortal’, cuyos participantes llevarán retratos de sus parientes que lucharon en la guerra. La primera edición de la marcha tuvo lugar en 2012 en Tomsk, y en 2015 reunió a más de 12 millones de participantes en distintas ciudades rusas.
El 9 de
mayo de 1945, un acontecimiento que marcó el fin de
27 de enero de 1945.
Auschwitz
Las puertas de Auschwitz se abrieron, no por piedad, sino porque la guerraalcanzó al mayor engranaje de muerte jamás construido. Cuando el Ejército Rojo llegó al complejo de Auschwitz-Birkenau, no encontró un campo vacío, sino los restos humanos de un crimen imposible de ocultar. Apenas unos miles de prisioneros seguían con vida. Eran sombras: cuerpos consumidos por el hambre, la enfermedad y el frío, muchos demasiado débiles para entender que el terror había terminado. Días antes, las SS habían obligado a decenas de miles a caminar hacia el interior de Alemania en las llamadas marchas de la muerte. Los que quedaron atrás fueron los que ya no podían moverse: niños, enfermos, moribundos. La liberación llegó para ellos cuando el cuerpo ya estaba roto, y para muchos, demasiado tarde. Los soldados soviéticos se toparon con un silencio que gritaba. Montañas de zapatos sin dueño. Gafas, maletas con nombres escritos a mano, toneladas de cabello humano. Las cámaras de gas y los crematorios, parcialmente destruidos, confirmaban lo que nadie quería creer: el asesinato había sido planificado, sistemático, industrial. El auxilio médico comenzó de inmediato, pero la libertad no siempre significó supervivencia. Muchos murieron en las semanas siguientes, víctimas de un daño irreversible causado por la deshumanización prolongada. Auschwitz se convirtió en una palabra que el mundo nunca volvería a pronunciar de la misma manera. No solo como un lugar, sino como una advertencia. Un recordatorio de hasta dónde puede llegar una sociedad cuando normaliza el odio y mira hacia otro lado. El 27 de enero es el Día Internacional de Conmemoración del #Holocausto. No es una fecha para el pasado solamente, sino un llamado permanente a la memoria. Porque olvidar no es neutral. Y recordar es una forma de resistencia. El 27 de enero de 1945. Las puertas de Auschwitz se abrieron, no por piedad, sino porque la guerra alcanzó al mayor engranaje de muerte jamás construido. Cuando el Ejército Rojo llegó al complejo de Auschwitz-Birkenau, no encontró un campo vacío, sino los restos humanos de un crimen imposible de ocultar. Apenas unos miles de prisioneros seguían con vida. Eran sombras: cuerpos consumidos por el hambre, la enfermedad y el frío, muchos demasiado débiles para entender que el terror había terminado. Días antes, las SS habían obligado a decenas de miles a caminar hacia el interior de Alemania en las llamadas marchas de la muerte. Los que quedaron atrás fueron los que ya no podían moverse: niños, enfermos, moribundos. La liberación llegó para ellos cuando el cuerpo ya estaba roto, y para muchos, demasiado tarde. Los soldados soviéticos se toparon con un silencio que gritaba. Montañas de zapatos sin dueño. Gafas, maletas con nombres escritos a mano, toneladas de cabello humano. Las cámaras de gas y los crematorios, parcialmente destruidos, confirmaban lo que nadie quería creer: el asesinato había sido planificado, sistemático, industrial. El auxilio médico comenzó de inmediato, pero la libertad no siempre significó supervivencia. Muchos murieron en las semanas siguientes, víctimas de un daño irreversible causado por la deshumanización prolongada. Auschwitz se convirtió en una palabra que el mundo nunca volvería a pronunciar de la misma manera. No solo como un lugar, sino como una advertencia. Un recordatorio de hasta dónde puede llegar una sociedad cuando normaliza el odio y mira hacia otro lado.
No sostiene solo una
cuchara. Sostiene la espera. Esta imagen fue tomada durante el Invierno del
Hambre neerlandés de
Ser religioso no garantiza bondad, ya que la
moralidad proviene de la conciencia y acciones diarias, no solo de rituales o
creencias
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