//Por; Jesús Hoyos Hernández//Nacional//Análisis//Política//Opinión
Nicolás Maquiavelo,
El príncipe
Nicolás
Maquiavelo, nació el 3 de mayo de 1469, filósofo, escritor y político del
Renacimiento italiano. Su obra El Príncipe es un tratado político que
revolucionó el pensamiento sobre el poder y el gobierno, estableciendo
principios pragmáticos para obtener, mantener y consolidar el poder. Su enfoque
marcó el inicio de la ciencia política moderna y sigue siendo una referencia
clave en el estudio de la política. Nicolás Maquiavelo, historiador y filósofo
político, nació en Florencia en 1469. Participó en la vida política de su
ciudad natal, primero trabajando como
funcionario hasta que comenzó a destacar cuando se proclamó la república en
Florencia en 1498. Fue secretario de la
segunda chancillería encargada de los Asuntos Exteriores y guerra de la
república. Maquiavelo realizó así importantes misiones diplomática ante el rey
francés(1504, 1510-1511),
Maquiavelo debido a su experiencia en la política escribió tres libros de contenido político, El arte de la guerra donde describe las ventajas de las tropas reclutadas frente a las mercenarias, su Discurso sobre la primera década de Tito Livio (1531) donde partiendo de los conceptos teocráticos medievales de la historia, atribuye hechos históricos a las necesidades de la naturaleza humana y a los caprichos de la fortuna, y El Príncipe, su obra más importante y uno de los más influyentes tratados en el posterior desarrollo de la teoría política, redactado en 1513, no fue publicado hasta cinco años después de su muerte. En El Príncipe, Maquiavelo propuso las condiciones que habían de caracterizar a un príncipe, entendida esta figura como la cabeza o jefe del Estado. Podemos decir que es un libro práctico, pues pretende dar normas de acción. Intentó teorizar sobre la naturaleza del Estado, sobre la sociedad en que se sustenta y sobre todo en las formas de adquirir y perder el poder y las formas de mantenerse en él.
La
obra está profundamente determinada por el contexto histórico en que fue
concebida. La atomización política que caracterizaba a
Maquiavelo distingue entre dos tipos de Estados: las repúblicas o los principados, dentro de éstos últimos distingue a su vez en los que son hereditarios y los que son nuevos. Estos tipos de Estados, que son fiel reflejo de lo existente en su época, tienen características diferentes tanto como por la forma de gobernarse como por la forma de conservarlos: “...los Estados hereditarios y acostumbrados al linaje de su príncipe la dificultad de conservarlos es bastante menor que en el caso de los nuevos, puesto que es suficiente con respetar el orden de sus antepasados” (Cáp. II). También diferencia entre dos formas de gobierno, aquellos principados gobernados por un príncipe y sus siervos (convertidos éstos en ministros por gracia y concesión suya) y los gobernados por un príncipe y por nobles (los cuales poseen dicho grado no por la gracia sino por herencia familiar). Claro está, según Maquiavelo que sería más difícil conquistar el primer tipo de gobierno pero al contrario sería más fácil conservarlo.
Por último, distingue entre cuatro formas de la jefatura del cuerpo político, por la virtud, Maquiavelo entiende por virtud, la energía, la capacidad, el valor y el saber técnico mediante los cuales el príncipe organiza y orienta su acción hacia sus fines, es definitiva es decisión y prudencia, la virtud dirá Maquiavelo aspira a la gloria; la fortuna, factor externo básico de la acción humana que como elemento imprevisible dirige a los hombres y a los pueblos, pero a pesar de ello, amén de mudable, escoge a los impetuosos para realizar sus designios; por medio de “acciones criminales y contrarias a la ley humana y divina” o por favor de sus ciudadanos. Un segundo bloque serían los capítulos XII y XIV que tratan sobre el aparato militar, en ellos se aborda los riesgos inherentes a las tropas mercenarias tan habituales en su época y sobre las obligaciones del príncipe. Maquiavelo defiende la idea de formar un ejército propio y cree que una de las causa de la fragmentación de Italia son las tropas mercenarias.
El objeto de un príncipe, afirma el autor, no es otro que la guerra y su organización, que debe plantearse de dos formas: por un lado de obra y por otro mentalmente. El tercer bloque que engloba desde los capítulos XV hasta XXI, reflexiona en torno a las cualidades que deben guiar las acciones de los príncipes, los recursos psicológicos que debe atesorar el príncipe moderno para conservar el poder y sentar las bases de la dominación social sobre sus súbditos. Constituye este bloque la parte más universal y atemporal del discurso y sobre la que se han intentado fundamentar más las críticas morales a la obra a partir de la concepción maquiaveliana de la dialéctica entre medios y fines. El cuarto bloque serían los capítulos dos últimos capítulos (XXIV y XXV), que vendrían a ser la traducción de la crisis italiana de los aspectos anteriormente descritos. Es aquí donde toda la articulación teórica del texto alcanza su plenitud y se invoca al príncipe nuevo que levante desde su “virtud” el orden también nuevo que la necesidad histórica reclama.
En
resumen El Príncipe de Maquiavelo tuvo y tiene un gran interés político. Su
autor ha sido definido en muchas ocasiones como un personaje de enrevesadas
ideas (de todos es conocida la popular expresión “ tener ideas maquiavélicas”).
Sus reflexiones han sido objeto de muchas críticas, para él la moral y la ética
se dejan en un segundo plano cuando se trata del mantenimiento del gobernante
en el poder. Así justifica determinados comportamientos y cualidades que debe tener el príncipe para mantenerse en
el poder. Estas condiciones y aptitudes se resumen en su capacidad de
aprovechar situaciones y manipular deseos y voluntades de tal modo que sean
consideradas como medios y no como fines, cualidades que a nosotros nos parecen
amorales. Según él un príncipe puede ser cruel “...debe por tanto un príncipe
no preocuparse de la fama de cruel si a cambio mantiene a sus súbditos unidos y
leales porque con poquísimos castigos ejemplares será más clemente que aquellos
otros que por excesiva clemencia permiten que los desórdenes continúen” (Cáp.
XVII); puede ser hipócrita “... es necesario saber colorear bien esa naturaleza
y ser un gran simulador y disimulador” (Cáp. XVIII) y sobre todo y lo más importante se le permite el uso de la violencia como
instrumento de cohesión social, si bien no es bueno su uso continuado.
Otro aspecto importante de su obra es el
profundo desprecio hacia la concepción humana, motivadas por una situación
política controvertida y por una visión personal del mundo y de los hombres
totalmente pesimista. Así se observa en muchas de sus frases: según él el
hombre no es bueno “...porque un hombre que quiera hacer en todos los puntos
profesión de bueno, labrará necesariamente su ruina entre tantos que no lo son”
(Cáp. XV), describe las cualidades de los hombres “...se pude decir de los hombres lo
siguiente: son ingratos, volubles, simulan lo que no son y disimulan lo que
son, huyen del peligro, están ávidos de ganancia; y mientras les haces los
favores son todos tuyos, te ofrecen la sangre, los bienes, la vida, los hijos
cuando la necesidad está lejos; pero cuando se te vuelve encima vuelven la
cara...” (Cáp. XVII).







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