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miércoles, 14 de mayo de 2025
Después de la muerte de Lucio Cabañas existió una orden de exterminar a toda su familia.
Después del asesinato de Lucio Cabañas, estío una orden de exterminar a toda su familia; cables filtrados en los últimos años para investigar las desapariciones forzadas durante la guerra sucio.
Después de la muerte
de Lucio Cabañas existió una orden de exterminar a toda su familia.
Nacido
el 12 de diciembre de 1938 en El Porvenir, Guerrero, Lucio Cabañas fue un
maestro rural y líder revolucionario, figura destacada en la lucha por los
derechos campesinos y contra la opresión del Estado. Tras formarse en la Normal de Ayotzinapa, donde
lideró movimientos estudiantiles, se involucró activamente en la defensa de las
comunidades marginadas. Su liderazgo comenzó en Mezcaltepec, donde encabezó
protestas contra la explotación forestal que perjudicaba a los ejidatarios, lo
que provocó su transferencia forzosa pero no detuvo su lucha agraria. Participó
en el Movimiento Revolucionario del Magisterio y la Asociación Cívica
Guerrerense, organizaciones críticas al sindicalismo oficialista y al régimen
político, a través de las cuales promovió la organización y educación de los
campesinos en su lucha contra las injusticias. El 18 de mayo de 1967, un mitin
en el que participaba fue violentamente reprimido, dejando 11 muertos y
obligando a Cabañas a refugiarse en la sierra, donde optó por la lucha armada
como respuesta a la represión y miseria del pueblo. Fundó
el Partido de los Pobres y la Brigada Campesina de Ajusticiamiento, desde los
cuales organizó estableció comités campesinos de autodefensa. Durante siete
años, lideró la resistencia armada en Guerrero, destacando la importancia de la
organización comunitaria y la lucha contra caciques, militares y traidores.
El
2 de diciembre de 1974, su campamento fue cercado por el ejército en Otatal,
Guerrero, en un operativo que culminó con su muerte junto a varios de sus
compañeros. Lucio Cabañas dejó un legado de lucha por la justicia social y la defensa
de los derechos de los sectores más desprotegidos.
Lucio
Cabañas y su guerrilla fueron perseguidos, detenidos, torturados, desaparecidos
y asesinados por militares, policías secretos de la Dirección Federal
de Seguridad y por los policías comandados por Arturo AcostaChaparro durante
el gobierno del presidente Luís Echeverría. En 1974, muere sosteniendo su
último combate en la sierra de Guerrero, el maestro Lucio Cabañas Barrientos.
Al momento entregar la vida por los pobres, Lucio y su Brigada Campesina de
Ajusticiamiento habían dado muerte a casi doscientos militares y policías,
logrando expropiar a más treinta empresarios y políticos para distribuir su
riqueza entre el pueblo. Después del asesinato de Lucio Cabañas, estío una
orden de exterminar a toda su familia; cables filtrados en los últimos años
para investigar las desapariciones forzadas durante la guerra sucio, se comprobó
que la CIA daba
puntual seguimiento a las actividades de líderes guerrilleros como Lucio
Cabañas.
El
último político retenido por los rebeldes fue el exgobernador Rubén Figueroa,
buscando su rescate el Ejército Mexicano se concentró en la sierra con más de
veinticinco mil soldados pertenecientes a siete Batallones de Infantería. Ante
esta clara desventaja propiciada por la indiferencia del resto del país, la Brigada Campesina
sostuvo su último combate el 2 de diciembre de 1974. Algunos guerrilleros
fueron capturados, Lucio Cabañas pereció en combate. Su cuerpo permaneció
oculto por el gobierno durante décadas, sus familiares lo recuperaron en el año
2002 y actualmente yace en la plaza principal de Atoyac de Álvarez, justo
debajo de la estatua que su pueblo natal le construyó en su memoria.
"Subí a la sierra, mejor dicho,
me echaron al monte el 19 de mayo de 1967. Me fui porque si me quedaba me
mataban. La vida vale mucho y jamás me hubiera perdonado el caer muerto a lo
pendejo, sin haber hecho algo por los pobres".
Lucio Cabañas Barrientos (Atoyac
de Álvarez, 15 de diciembre de 1938 — Técpan de Galeana, 2 de diciembre de
1974) Credit by Pensamientos Magonistas
Sabias palabras de la madre del legendario Guerrillero Don Lucio Cabañas Barrientos."Mis hijos lucharon por los pobres, para sacarlos de la pobreza, por eso estoy orgullosa de haber parido a hijos valientes, pero es muy grande el sufrimiento, lo único que tengo es coraje. Mírame aquí sola, voy a morir sola, pero eso sí, ante ningún desgraciado me humillo". Rafaela Barrientos.
El secuestro de la
mama de Lucio
En
1974 el Ejército Mexicano secuestra a Rafaela Gervasio Barrientos, madre
de Lucio Cabañas y a otros familiares durante la llamada
"Guerra Sucia" que vivió el Estado de Guerrero en los años
60's. Màs de un año permanecieron secuestrados en el campo militar No.1 en la
ciudad de México.
“La Jefa”,
como era conocida en su pueblo la madre de los hermanos Cabañas, no tuvo
suficiente con haber engendrado la Revolución en Guerrero. Siempre mostró su
inquebrantable dignidad a pesar de las circunstancias en su contra.
En
una entrevista para la
Revista Proceso en 1992, cuando el gobierno aún no le
entregaba el cadáver de su hijo Lucio Cabañas, el Ejército había desaparecido a
su hijo Manuel desde 1967 y su otro hijo, David, se encontraba preso en la Ciudad de México:
Declaro: "Mis
hijos lucharon por el pobre para sacarlo de la pobreza, y por eso me siento
orgullosa de haberlos parido"Me siento orgullosa de haber parido a
hijos valientes, pero es muy grande el sufrimiento. Lo único que tengo es
coraje. ¿A poco crees que si el gobierno fuera buena gente, tendría a tanto
inocente desaparecido y encarcelado? En cambio a los ladrones, a esos sí
los enriquece y los deja libres para que vayan a ladronear más y uno muriéndose
aquí, mírame aquí sola. Voy a morir sola, pero eso sí, ante ningún
desgraciado me humillo.""Rafaela Gervasio Barrientos "
Lucio Cabañas: el paladín de los pobres.
El 15 de diciembre de 1937 nacía la esperanza en la intrincada serranía sureña, a menos de un kilómetro de El Porvenir. El horizonte resplandecía con los matices encantadores de un nuevo amanecer. Ese día el viento frío azotaba la puerta de varas queriendo entrar en la choza de bajareque. Más adentro se escuchó el llanto de un recién nacido: Lucio había nacido, como nacen la mayoría de niños pobres de Guerrero, en el piso de tierra y con la compañía de una partera. La alegría de sus padres, Rafaela Gervasio Barrientos y Cesario Cabañas Iturio, era de júbilo, por el momento se olvidaron de los sufrimientos y carecías que padecían. Facunda, su hermana mayor, observaba a la distancia las vueltas de la partera. La alegría, no era para menos, un hijo siempre significa prolongar la estirpe, pero también luchar con más fuerza para enfrentar las adversidades y las injusticias. Para Rafaela fue un gran alivio porque tuvo la corazonada que cuando su hijo creciera, vería por ella y por toda la gente pobre.
Lucio creció en una casa de horcones, palos y lodo, entre los cafetales de El Porvenir, en la sierra de Atoyac de Álvarez. Pablo Cabañas, hermano menor de Lucio, tiene aún la imagen de los caseríos de bajareque en una “lomita no muy inclinada”. “Era un barriecito chiquito que no tenía ni 100 casas. Las construían con horcones, colocaban un cajón de varas y se iba llenando con lodo y piedra para que se hiciera la pared. Dormíamos en petates o camas de varas”. Como campesinos pobres no tenían otra opción que contratarse como peones para tener un ingreso, padeciendo el maltrato de los ricos de Atoyac. Sobrevivían con la siembra de maíz y el corte del café. Para Lucio el trabajo era todo lo que conocía. Su papá le enseñó a sembrar en la serranía. Alejandro Serafín Gervasio, hermano de madre con Lucio, mejor conocido como David Cabañas Barrientos, recuerda que en los 70 el camino real atravesaba la comunidad y a los lados se iban formado las chozas. Era un pueblo cubierto por la espesura del bosque y la neblina de la sierra madre del sur. Está a una hora de camino en carro desde Atoyac. La hermosura de la naturaleza y el espectáculo de cascadas contrastaban con el infierno impuesto por los caciques y sus pistoleros, que traían a raya a los campesinos que se organizaban.
La pobreza no era el único obstáculo para Lucio de 7 años, Facunda de 9 años y Pablo de 5 años. Había algo peor que agitaba sus corazones: la violencia que ejercía su padre contra doña Rafaela. Podían aguantar el hambre, pero los maltratos y los gritos eran insoportables. Estuvieron un tiempo más en El Porvenir, pero doña Rafaela decidió separarse de su esposo. Cesario, iracundo, la apartó de sus hijos, dejándola desamparada. Decidió salir de la comunidad y bajar de la sierra rumbo al Cayaco, municipio de Coyuca de Benítez. “Caminamos dos días, al pasito de las bestias bien cargadas con todas las cosas que se utilizan en la casa. De El Porvenir llegamos a un lugar que se llama Ixtla, cerca del municipio de Atoyac. Ahí nos quedamos dos días en la casa de la hermana de mi abuela paterna Aldegunda Iturio de la Cruz, la primera esposa del zapatista Pablo Cabañas Macedo. Al siguiente día arribamos al Cayaco”. Disfrutaron de las huertas de café desde los 6 años cuando empezaban a trabajar. Sin recursos económicos los inscribían en la escuela en septiembre y en noviembre, subían a la sierra al “corte de café”. Los hermanos Cabañas no tenían mucho tiempo para estudiar porque se la pasaban en el campo, en la siembra de maíz, frijol, ajonjolí y otras semillas para comer. Lucio siempre tuvo una inclinación por el estudio. Cuando terminaban los trabajos del campo, ocupaba su tiempo para leer. Logró terminar el tercer año de primaria con las mejores calificaciones.
Cuando Lucio tenía 13 años, el 8 de marzo de 1950 los sanguinarios caciques mataron a su padre, en la comunidad de San Jerónimo, en la Costa Grande. La violencia siempre ha marcado la historia de las familias que son explotadas y sometidas políticamente. La osadía por defender la tierra se paga con la muerte. A los ricos de la región confabulados con las autoridades estatales no les temblaba la mano para matar a los campesinos. La ley la aplicaban ellos y festinaban sus atrocidades.
Los estudios de Lucio se truncaron porque tuvo que dedicarse al campo para ayudar en el sostén de la familia. Su papá le dejó un pequeño palmar de cocos. Al dolor por su pérdida, se sumaron los problemas para sobrevivir. Las dificultades se incrementaron a pesar de que su tía Marciana Iturio Serafín estaba a cargo de la familia. Lucio no veía otra opción que salir de la comunidad para romper este círculo de la violencia y la pobreza.
Los desaires de la familia paterna marcaron la vida de los tres hermanos. Representaba un gran sufrimiento que los trataran como si no fueran de la familia. Su tía no quería que estudiaran porque creía que sólo iban a aprender vicios. Desde 1949 su papá quería que Facunda y Lucio fueran los primeros en irse a estudiar a la Ciudad de México. Podrían quedarse en la casa de su abuelo Pablo Cabañas. Lamentablemente fue una idea que no prosperó y que se truncó con su asesinato. Lucio mantuvo viva la propuesta de su padre. Su recuerdo fue como el impulso para salir. El 15 de octubre de 1954 escapó de la casa de su tía con la idea de quedarse en Tixtla. Se fue con un tío que tenía dos hijos en el internado. En su aventura tuvo que vender un anillo para juntar un poco de dinero para pagar el pasaje.
Lo primero que hizo fue inscribirse a la primaria Vicente Guerrero en el ciclo escolar de 1955 a 1956, cuando tenía 17 años. De inmediato buscó trabajo en un molino de nixtamal, transportaba la masa de donde hacían las tortillas y las llevaba a otro lugar. “Yo nada más tenía una camisa para ir a la escuela y la lavaba todas las noches para presentarme limpio al otro día.” Después de cursar el cuarto grado los maestros le otorgaron una boleta de quinto para que pudiera inscribirse en sexto año en la escuela de Ayotzinapa y fuera becado, porque era muy inteligente. Cursó los tres años de la secundaria en la normal de Ayotzinapa.
Lucio llevaba en su memoria las crudas imágenes de la violencia caciquil, la brutalidad con la que actuaba la policía motorizada. La sobre explotación de los trabajadores del campo y el nulo respeto a la vida y dignidad de la gente pobre. El escenario político en el estado era catastrófico. El 21 de mayo de 1954 Alejandro Gómez Maganda abandonó el cargo de gobernador por la desaparición de poderes en el estado. Había diferencias políticas con el gobierno federal de Adolfo Ruiz Cortines. Nuestra entidad sucumbía por la violencia y las disputas políticas. El gobernador sustituto, Darío Arrieta, no pudo con la responsabilidad y pronto terminó su mandato en 1957. Desde el gobierno de Francisco O. Arce (1889-1893) las comunidades indígenas y campesinas resistieron contra los despojos y atracos de terratenientes y caciques. Lo mismo sucedió durante la revolución hasta 1941, con el gobierno de Gerardo R. Catalán Calvo.
Los grupos revolucionarios seguirán formándose y
elevarán la calidad de sus combates sin que pueda detenerlos el gobierno
torturador y asesino que padece la República. De los grupos combativos de ahora
surgirán los partidos revolucionarios del mañana que guiarán la triunfal y
última batalla de todos los oprimidos.
- Lucio Cabañas, Comunicado con motivo de la muerte
de Genaro Vázquez.
En 1955 se avecinaban las elecciones para la gubernatura de Guerrero. El ambiente era turbio, no sólo por las disputas entre políticos, sino por el hartazgo de indígenas y campesinos contra los militares que ocuparon cargos de gobernadores y utilizaban la fuerza del ejército para disciplinar a los insumisos. En 1956 Lucio iniciaba sus estudios de sexto de primaria cuando designaron a Raúl Caballero Aburto como candidato a la gubernatura. David Cabañas Barrientos comenta que en “ese tiempo de elecciones Raúl Caballero dirigió una acción violenta contra los “gasquistas”, reprimió y hubo varios muertos. Lo premiaron con la gubernatura de Guerrero en abril de 1957. Con esos antecedentes llegó al poder con un plan siniestro de acabar con la delincuencia, decía públicamente que lo iba a lograr “ejecutando a los criminales”. Raúl Caballero Aburto, originario de Ometepec, resultó ser un asesino. La sangre corrió en el estado. El 8 de noviembre de 1957 la policía del estado mató a Juan Serafín Martínez, segundo esposo de doña Rafaela Gervasio, y a su hermano. A Lucio le dolió mucho su muerte porque además de ser su gran amigo, se había identificado con su forma de pensar.
Las matanzas de campesinos y la entronización de gobernadores militares que usaban el fúsil para gobernar, forjó en Lucio su temple como un hombre que no toleraba las injusticias que cotidianamente cometían los gobernadores a través de los policías y militares. Lo cimbraron hechos de barbarie que se fueron normalizando en el estado, por el terror que impusieron los caciques y militares. Desde los ocho años se dio cuenta de que el contexto de violencia iba de mal en peor. Por eso, cuando Lucio llegó a la normal tenía muy interiorizada la visión de que el maestro debería ser un agente de cambio, que cultive los valores y los derechos del pobre, que recupere su dignidad y su conciencia de clase. Con sus propias palabras, lo expresó: “Nosotros nacimos en Ayotzinapa siendo todo. Yo me acuerdo que estaba en sexto de primaria cuando hicimos la primera asamblea con cinco compañeros. Compañeros, estamos estudiando, vamos a terminar la primaria, ¿qué vamos a hacer por el pueblo? Parece que vamos a hacer una revolución. Ah, pues que hablaran los de sexto de primaria, nosotros, de revolución era muy raro. Pero nosotros hablábamos de revolución antes de irnos a la escuela”. A su corta edad había esperado bastante para tratar de cambiar la realidad de los pueblos pobres, impulsar la organización de base para luchar contra la opresión. En su pensamiento siempre aparecía la interrogante ¿qué hacer? Poco a poco se fue insertando en los problemas de la escuela, pero sin dejar de tomar en cuenta el contexto social, político y económico que vivía el estado. De analizar las condiciones objetivas y subjetivas de la insurrección.
Con motivo de los 50 años de la gesta heroica del profesor Lucio Cabañas Barrientos, reivindicamos su legado histórico por su lucha contra la explotación, el terrorismo de estado, los cacicazgos políticos, la corrupción y las graves violaciones a los derechos humanos cometidas por autoridades civiles y militares que gozan de impunidad.
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