Una
herida abierta el linchamiento de universitarios en San Miguel Canoa.
México,
San Miguel Canoaes una de las 17 juntas
auxiliar del municipio de Puebla, ubicada a unos 12 kilómetros al
noreste de la capital del estado y asentada en las faldas del volcán Malintzin
(La Malinche).
Es una comunidad de origen prehispánico que destaca por conservar con orgullo
sus profundas raíces culturales, tradiciones, en este poblado sucedió la tragedia
mas vil auspiciada por la ignorancia, la falsa información y la manipulación,
por lideres sociales, políticos y religiosos. La falsa propaganda es culpable
de múltiples atrocidades, como en la inquisición. En San Miguel Cano Puebla, Cinco trabajadores de la Universidad Autónoma
de Puebla salieron el 14 de septiembre de 1968 con un propósito aparentemente
inofensivo: escalar la
Malinche. Una tormenta frustró la excursión y los obligó a
buscar dónde pasar la noche en San Miguel Canoa, Puebla. Horas después serían
acusados de ser comunistas enviados para atacar al pueblo. Dos de ellos
murieron; tres sobrevivieron gravemente heridos. También fueron asesinados dos
habitantes relacionados con quienes les dieron refugio. México atravesaba
entonces uno de los momentos más tensos de la Guerra Sucia y del
movimiento estudiantil de 1968. Apenas un día antes se había realizado la Marcha del Silencio y
faltaban menos de tres semanas para la matanza de Tlatelolco. Puebla, además,
llevaba años experimentando una intensa confrontación entre sectores
universitarios de izquierda y grupos políticos, empresariales y religiosos
profundamente anticomunistas. Investigaciones académicas han documentado que
esa polarización también había llegado a Canoa, donde existían conflictos
internos relacionados con el poder local, el párroco y grupos campesinos. Los
excursionistas —Ramón Gutiérrez Calvario, Jesús Carrillo Sánchez, Julián
González Báez, Roberto Rojano Aguirre y Miguel Flores Cruz— buscaron
alojamiento después de abandonar el ascenso por el mal tiempo. Finalmente
fueron recibidos en casa de Lucas García. Durante la noche comenzó a difundirse
que los recién llegados eran comunistas que pretendían colocar una bandera
rojinegra, profanar la iglesia o atacar al sacerdote.
No existe evidencia de
que los cinco hubieran llegado a Canoa con alguno de esos propósitos. La figura
central del episodio fue el párroco Enrique Meza Pérez. Documentos preservados
por el Archivo General de la
Nación y estudios posteriores señalan el papel de la prédica
anticomunista y responsabilizan al sacerdote de instigar o alimentar el miedo
contra los visitantes. Al sonar las campanas y circular las acusaciones, una multitud
se movilizó hacia la vivienda donde estaban hospedados. Los cinco trabajadores
fueron atacados con extrema violencia; Ramón Gutiérrez Calvario y Jesús
Carrillo Sánchez murieron, mientras Julián González, Roberto Rojano y Miguel
Flores sobrevivieron. Lucas García y otra persona vinculada con la familia que
había auxiliado a los excursionistas también fueron asesinados. El dato más
perturbador apareció después: la magnitud pública del linchamiento no produjo
una respuesta judicial proporcional. Una investigación histórica publicada por
el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM señala que, con
excepción del alcalde y otro habitante que fueron encarcelados y posteriormente
liberados, ninguno de los cientos de participantes recibió castigo por sus
actos. El sacerdote Meza Pérez tampoco terminó condenado como responsable del
linchamiento. Canoa quedó así asociado no solamente con la violencia colectiva,
sino con la impunidad que siguió al crimen.
La historia pudo haberse desvanecido entre los
acontecimientos de aquel turbulento 1968, pero regresó al debate nacional
gracias al cine. Felipe Cazals y el guionista Tomás Pérez Turrent
reconstruyeron los hechos en Canoa: memoria de un hecho vergonzoso. Estrenada
en 1976, la película obtuvo el Oso de Plata, Premio Especial del Jurado, en el
Festival Internacional de Cine de Berlín, y terminó convirtiéndose en una de
las obras fundamentales del cine político mexicano. San
Miguel Canoa demuestra que la violencia de 1968 no puede entenderse únicamente
desde Tlatelolco. En una comunidad poblana, el anticomunismo de la Guerra Fría, los
conflictos locales, la autoridad religiosa y una cadena de rumores fueron
suficientes para convertir a cinco excursionistas en supuestos enemigos. No
llevaban una conspiración al pueblo: buscaban refugiarse de la lluvia. Décadas
después, la contradicción permanece brutalmente vigente: la acusación era
falsa; las muertes fueron reales y la justicia nunca alcanzó plenamente a los
responsables. ¿La
masacre de Canoa fue producto del fanatismo de una comunidad o la consecuencia
de años de miedo político y anticomunismo alimentado desde distintas
estructuras de poder?
Canoa:
memoria de un hecho vergonzoso” — cuando el miedo venció a la razón. Dirigida
por Felipe Cazals en 1976, Canoa: memoria de un hecho vergonzoso es una de las
películas más impactantes y valientes del cine mexicano. Basada en hechos
reales ocurridos el 14 de septiembre de 1968, narra el brutal linchamiento de
cinco jóvenes trabajadores de la
Universidad de Puebla en el pueblo de San Miguel Canoa, confundidos
con comunistas por la histeria colectiva alimentada por el párroco local. Contada
con un estilo casi documental, la cinta muestra cómo el fanatismo religioso y
la manipulación ideológica pueden convertir a una comunidad entera en
instrumento del horror. Con recursos de cine testimonial, Cazals logró una obra
tan poderosa que fue censurada y señalada en su tiempo, pero hoy es reconocida
como una joya cinematográfica y una denuncia inmortal contra la intolerancia y
el autoritarismo. Ganadora del Oso de Plata en el Festival de Berlín, Canoa
sigue estremeciendo por su crudeza, su estructura narrativa y su retrato del
México previo a la matanza de Tlatelolco. Una película que no solo retrata un
crimen colectivo, sino una advertencia: cuando la fe se mezcla con el miedo, el
resultado puede ser monstruoso. Podría repetirse hoy… bajo otra forma de
fanatismo?
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